jueves, 13 de marzo de 2014

LA LUCHA POR EL SIGNIFICADO


Vivir consciente de nuestra existencia requiere encontrar un significado  a nuestra vida, significa descubrir cuando es el momento de avanzar, cuando hacer una pausa o cuando detenerse y cambiar de intención o meta porque la que perseguimos no nos conduce a ningún lado. Vivir de modo consciente significa encontrar equilibrio y aceptar la ambivalencia de nuestra existencia y esto, solo se logra como resultado de un largo desarrollo producto de una gama de experiencias en el mundo.

La tarea más importante en la educación de un individuo es ayudarle a encontrar un sentido a su vida, ya que durante su desarrollo comenzará a obtener una mayor compresión de sí mismo (expandiéndose de los límites su existencia) y, por tanto, de los demás, relacionándose con ellos de un modo mutuamente satisfactorio y lleno de significado, solo así será capaz de contribuir a su entorno.

Para guiar nuestra propia vida se debe desarrollar recursos propios para que las emociones, la imaginación y el intelecto se apoyen y enriquezcan mutuamente. El sentido en la vida de una persona está determinado en un inicio por el impacto de los padres y la herencia cultural; aquí la literatura cobra gran importancia ya que no solo aporta información sino formación. Sin embargo, debemos tener cuidado porque existen libros que pretenden desarrollar la personalidad del niño, así como enseñar reglas, cayendo en la superficialidad pues no toman en cuenta el profundo significado de la existencia (Bettelheim, 1988).

El significado de una historia se encuentra en su origen, comenzando indudablemente por quién la escribe. La raíz de las historias es la experiencia de quien las inventa, siempre y cuando no se trate de una simple biografía del autor, aquellas experiencias solo conforman el punto inicial para la ficción, por lo tanto la obra también nos dice mucho del autor, en base a los temas seleccionados para su desarrollo. Según Vargas Llosa (1997), las situaciones que se imponen a un escritor, son aquellas que se refieren a esa disidencia con la vida real, a esa rebeldía a aceptar el mundo tal como es, que lo incita a desafiar al mundo real y sustituirlo por la ficción. Cada individuo al ser único y diferente, escribe de acuerdo a sus propios contenidos, algunos elegirán el amor, otros la muerte o la soledad, pero sea cualquiera el tema elegido nos brindará un indicador precisamente de aquellos contenidos que conforman la personalidad del autor.


Después de leer un libro, ya no somos los mismos. Si el autor logró convencernos, nos trasladamos gustosos al mundo de la ficción, del cual salimos enriquecidos, con nuevas emociones y experiencias, y quizá al entender el significado de la vida de los personajes que compartieron sus vivencias con nosotros, incorporemos un significado propio, que nos ayude a convertirnos cada día en mejores seres humanos, un significado a nuestra existencia.

miércoles, 26 de febrero de 2014

LOS DIFERENTES USOS DEL RELATO


Los relatos ejercen su atractivo porque conectan con los lectores de formas muy diferentes y profundas, debido a que una historia bien contada permite establecer una conexión a distintos niveles. En opinión de Owen (2003), los relatos se prestan a una amplia variedad de usos:

1)    Por puro placer.
2)    Para modificar el ánimo, el estado general o el nivel de activación de una persona o de un grupo.
3)    Para reformular un problema presentándolo como una nueva oportunidad.
4)    Para complementar una conducta o actitud desde una perspectiva diferente.
5)    Para cuestionar una  visión limitada del mundo.
6)    Para cuestionar una conducta inaceptable.
7)    Para ofrecer un modelo de conducta o de actitud más útil.
8)    Para explicar un aspecto de forma indirecta.
9)    Para demostrar que un determinado problema no es novedoso ni excepcional.
10) Para fortalecer la creatividad.
11) Para abrir un interrogante, estimular el cerebro e introducir información en las mentes abiertas a la espera de que se resuelva el interrogante.
12) Para estimular el debate y  la discusión.
13) Para rebatir o confirmar las visiones del mundo que tienen los oyentes.
14) Para incluir a la audiencia en algunos elementos repetitivos de la historia, a fin de practicar nuevas estructuras lingüísticas o de vocabulario.
15) Para estimular el relato de otras anécdotas o historias entre los lectores.
16) Para introducir aspectos relacionados con la estructura de la comunicación eficaz.
17) Para demostrar la naturaleza sistémica de las relaciones humanas.
18) Para suscitar la curiosidad.
19) Para demostrar que los puntos de vista y la sabiduría de otras culturas  presentan muchas similitudes, al igual que diferencias, con los nuestros.
20) Para introducir información por debajo del nivel consciente del conocimiento.
21) Para demostrar que cada persona interpreta la información de forma diferente, de acuerdo con su propia experiencia única y el mapa del mundo que le es propio.
22) Para demostrar que la “percepción es proyección”: nuestro mapa del mundo determina el modo en que experimentamos el mundo.
23) Para tener una excusa para escribir un libro.
24) Para tener una excusa para leer un libro.
25) Para establecer interrelaciones entre el pasado, el presente y el futuro.
26) Para que la información que queremos transmitir quede mejor estructurada y sea más fácil de recordar.
27) Para acrecentar la apreciación del papel y la fuerza de la metáfora en los relatos y en la transmisión de significado en el lenguaje cotidiano.
28) Para modificar un paradigma.
        Cualquiera sea el motivo por el que decida leer una obra, la sola decisión de dedicar un espacio de tiempo a la lectura ya es suficiente. Después de leer una buena obra se dará cuenta que ya no es el mismo.



jueves, 26 de diciembre de 2013

REFLEXIÓN DE NAVIDAD


Cada día entiendo menos la Navidad. Se supone que cada 25 de diciembre se celebra el nacimiento del Salvador. No solo desde la óptica cristiana, de la cual formo parte, y que trataré de minimizar con el único fin de ofrecer un análisis objetivo del tema, sostengo que la vida ejemplar de Jesús solo nos puede orientar a una conclusión, el hecho de que fue un gran hombre. Toda su vida está marcada por la coherencia: verbalizaba lo que pensaba y actuaba lo que verbalizaba. Coherencia que es todo un ejemplo a seguir. Incluso para los no creyentes, sería mezquino restarle méritos a un hombre que no solo convirtió en pauta lo que predicó, sino que además se enfrentó al sistema corrupto que imperaba entonces. Para algunos decisión política, para otros cuestión de fe, lo cierto es que fue un emperador bizantino convertido al cristianismo, quién años más tarde instauró la religión cristiana al imperio, desde entonces la imagen de Jesús no solo se extendió al resto del mundo de occidente conocido, sino que adquirió un nuevo significado.

Podemos discutir hasta el cansancio y sin llegar a establecer un acuerdo, sobre si Jesús fue hijo de Dios, y por lo tanto, fue otro Dios; o si fue un semidiós, ya que también nació de una mujer llamada María; o en el extremo opuesto, si solo se trató de un hombre. Por cierto un extraordinario hombre como Sócrates o Einstein, pero sin dejar su categoría de humano alejado de toda divinidad. Pero este no es el punto. Reitero, jamás se llegaría a un consenso. Creyentes, agnósticos y ateos existirán hasta el fin de la humanidad. Sucede que la doctrina se basa en la fe y no en el conocimiento como la ciencia, tampoco se apoya en la armonía o en la estética como el arte. Son verdades distintas que no tienen por qué contradecirse entre sí. Lamentablemente, muchas personas no lo entienden de este modo, entonces surge el dogmatismo, es decir, creer que se tiene la razón, que somos poseedores de la única verdad, de lo absoluto. Lo cual, considero un error. Un argumento en contra de lo planteado, podría estar referido a la adopción de una postura sofista. Nada más alejado de la verdad. El sofismo tiene que ver con la falta de compromiso, con el quizá, tal vez, puede ser. Sofista es aquel que no asume una postura ante ningún tema. Puede defender o criticar cualquier argumento que se le proponga. A diferencia de la opción sofista, sostengo que uno debe asumir una postura ante la vida. No importa si está equivocada o no. Además, uno tiene la capacidad de corregirse y de aceptar un error. Ni los sofistas, ni los dogmáticos acceden a esta categoría. Unos no se comprometen con nada mientras que los otros están enceguecidos con un fundamento.


La actitud coherente de Jesús la que me aleja cada vez más de la comprensión actual de la Navidad. Intentar entender la trivialidad que envuelve las festividades resulta todo un reto. Por ejemplo, ignoro la relación existente entre el nacimiento de Jesús y ese afán enfermizo que agobia a las personas en el mes de diciembre por correr a las tiendas a endeudarse con tal adquirir los mejores obsequios. O aquel absurdo juego del amigo secreto implantado mayormente en los centros laborales donde uno tiene colegas de trabajo, pero no amigos (las excepciones son pocas), y que en ocasiones uno se ve obligado a jugar para no quedar convertido en un paria amargado mal visto por todos. Como todo tiene sus límites, hace algunos años renuncié a dicha farsa y ahora me siento mejor conmigo mismo. Sin embargo, confieso que en dos ocasiones recibí de mis amigos secretos regalos para mí extraordinarios: La insoportable levedad del ser, quizá la mejor novela de Kundera y el cd Rumors de Flewoodmac. Fueron dos regalos que me hicieron infinitamente feliz. ¿Y por qué fui tan feliz si estoy en contra de dicho juego? Porque los obsequios fueron entregados por dos excepciones, es decir, dos amigas. La navidad no está representada por los regalos, sino por los vínculos afectivos espontáneos que extendemos hacia los demás. Un niño no recuerda el regalo costosísimo que recibió de sus familiares, sino el afecto que recibió o dejó de recibir de ellos. Jesús no arribó al mundo con obsequios materiales, llegó con su palabra y su obra, y ambas encerraban desde mi perspectiva un solo aspecto: afecto. Qué lejos está la Navidad hoy en día de esta palabra.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

ADIOS



Decir adiós significa cambiar. Representa el coraje de atreverse a hacer algo nuevo, diferente. Dejar lo viejo por lo nuevo. Atreverse a dejar lo conocido y cotidiano por lo desconocido y la incertidumbre. El adiós cuando parte de una decisión propia siempre necesita de valor y coraje. Es como dejar la seguridad del hogar e iniciar un viaje por una selva inexplorada, sin contar con un mapa de ruta que nos guie. Pocos se atreven. Lo más sencillo es continuar con la rutina, así esté marcada por el tedio y el aburrimiento, incluso por la desazón, pocas son las personas que se arriesgan a decir adiós, que optan por el cambio.

            Sucede que la mayoría de personas son de una medianía enfermiza. En primer lugar, se tiende a rechazar lo extraordinario. Por ejemplo si se descubriera vida en otro planeta, no faltarían argumentos en contra aduciendo que se trata de una farsa creada por los gobiernos que dirigen el mundo. En segundo lugar, ante el éxito ajeno surge la envidia como una forma de menospreciar el logro, en lugar de decidirse a mejorar. Por ejemplo, cuando la selección juvenil de vóley avanzó a semifinales del mundial de modo inesperado, el seudotriunfalismo y seudopatriotismo de muchos exigía el título. Cuando la selección terminó en un honroso cuarto puesto, no faltaron las voces que acusaron a la selección de falta de coraje. Qué comentarios tan mezquinos. Acusar de medianía al resto aparece como la forma favorita de los mediocres de ocultar sus propias limitaciones.

            Existen situaciones donde el adiós no lo decidimos nosotros, sino que depende de otras personas o de las circunstancias. Una pareja que nos abandona, una empresa que nos despide o un amigo que nos traiciona. En estas condiciones resulta imperativo el cambio. A veces tenemos que aceptar que no nos quieren y están en su derecho. Solo nos queda decir adiós y seguir adelante.

            Decir adiós, requiere de mucho valor, sobre todo cuando existe una valor sentimental ligado al contexto. Por ejemplo, valor para dejar una relación enfermiza que nos abruma con insatisfacciones, y aceptar como consecuencia de ello, una temporada de soledad con la única certeza de que la próxima relación será diferente, ni mejor ni peor, solo diferente.

            En ocasiones hay que atreverse a salir de casa. Hay que tener el coraje de arriesgarse. Se puede caer en el intento, claro que sí, pero también se puede alcanzar el triunfo. Hay que adentrarse en la selva, es necesario optar por lo inesperado, ir contra la corriente, hay que atreverse a ser diferente y no seguir a los demás como ganado, y para ello, es inevitable decir adiós. Adiós a nuestras creencias. Adiós a las malas noticias que recibimos cada día. Adiós a los traumas y a los golpes de la vida. Adiós a la envidia y al derrotismo que impera en nuestra sociedad. Adiós a los supuestos amigos que en realidad no lo son. Adiós a todo lo que nos detiene y a continuar cueste lo que cueste por aquello que deseamos. Sucede que no se puede seguir actuando del mismo modo y esperar un resultado diferente. Hay que atreverse a cambiar. Decir adiós no solo significa dejar las cosas en el pasado, sino orientarse hacia el futuro. Decir adiós significa aventurarse a seguir viviendo.

lunes, 28 de octubre de 2013

LISBETH SALANDER DEBE VIVIR (Fragmento)


            Aquí un fragmento de un artículo de Vargas Llosa sobre la trilogía Millenium del escritor sueco Larson.

¡Qué sería de la pobre Suecia sin Lisbeth Salander, esa hacker querida y entrañable! El país al que nos habíamos acostumbrado a situar, entre todos los que pueblan el planeta, como el que ha llegado a estar más cerca del ideal democrático de progreso, justicia e igualdad de oportunidades, aparece en Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, como una sucursal del infierno, donde los jueces prevarican, los psiquiatras torturan, los policías y espías delinquen, los políticos mienten, los empresarios estafan, y tanto las instituciones y el establishment en general parecen presa de una pandemia de corrupción de proporciones priístas o fujimoristas. Menos mal que está allí esa muchacha pequeñita y esquelética, horadada de colguijos, tatuada con dragones, de pelos puercoespín, cuya arma letal no es una espada ni un revólver sino un ordenador con el que puede convertirse en Dios -bueno, en Diosa-, ser omnisciente, ubicua, violentar todas las intimidades para llegar a la verdad, y enfrentarse, con esa desdeñosa indiferencia de su carita indócil con la que oculta al mundo la infinita ternura, limpieza moral y voluntad justiciera que la habita, a los asesinos, pervertidos, traficantes y canallas que pululan a su alrededor.
La novela abunda en personajes femeninos notables, porque en este mundo, en el que todavía se cometen tantos abusos contra la mujer, hay ya muchas hembras que, como Lisbeth, han conquistado la igualdad y aun la superioridad, invirtiendo en ello un coraje desmedido y un instinto reformador que no suele ser tan extendido entre los machos, más bien propensos a la complacencia y el delito. Entre ellas, es difícil no tener sueños eróticos con Monica Figuerola, la policía atleta y giganta para la que hacer el amor es también un deporte, tal vez más divertido que los aerobics pero no tanto como el jogging. Y qué decir de la directora de la revista Millennium, Erika Berger, siempre elegante, diestra, justa y sensata en todo lo que hace, los reportajes que encarga, los periodistas que promueve, los poderosos a los que se enfrenta, y los polvos que se empuja con su esposo y su amante, equitativamente. O de Susanne Linder, policía y pugilista, que dejó la profesión para combatir el crimen de manera más contundente y heterodoxa desde una empresa privada, la que dirige otro de los memorables actores de la historia, Dragan Armanskij, el dueño de Milton Security.

La novela se mueve por muy distintos ambientes, millonarios, rufianes, jueces, policías, industriales, banqueros, abogados, pero el que está retratado mejor y, sin duda, con conocimiento más directo por el propio autor -que fue reportero profesional- es el del periodismo. La revista Millennium es mensual y de tiraje limitado. Su redacción, estrecha y para el número de personas que trabajan en ella sobran los dedos de una mano. Pero al lector le hace bien, le levanta el ánimo entrar a ese espacio cálido y limpio, de gentes que escriben por convicción y por principio, que no temen enfrentar enemigos poderosísimos y jugarse la vida si es preciso, que preparan cada número con talento y con amor y el sentimiento de estar suministrando a sus lectores no sólo una información fidedigna, también y sobre todo la esperanza de que, por más que muchas cosas anden mal, hay alguna que anda bien, pues existe un órgano de expresión que no se deja comprar ni intimidar, y trata, en todo lo que publica e investiga, de deslindar la verdad entre las sombras y veladuras que la ocultan.

lunes, 23 de septiembre de 2013

ESCRITO NOCTURNO


Soy un experto en insomnio. No recuerdo con exactitud cuando comencé a experimentar semejante desgracia. Y por favor, no crean que exagero cuando califico al insomnio de desgracia. Todos aquellos que lo padecen saben que así es. Acaso existe peor situación que acostarse en la cama a dormir porque se está muerto de sueño y no dejar de cabecear frente a la televisión o frente a un libro, y luego de acomodarse entre las frazadas tener los ojos bien abiertos como faroles y no poder conciliar el sueño. Es como si Morfeo, el dios del sueño se hubiera largado de vacaciones sin tener la delicadeza de avisarnos. Al principio, uno piensa ya me dormiré, y comienza a dar vueltas buscando la posición más cómoda sobre el colchón. Al cabo de varios minutos, el insomne ya se recorrió la cama unas cincuenta mil veces y conoce todas las posturas posibles para dormir, incluso existen casos, donde en su desesperación han inventado algunas posiciones insólitas. Conozco algunos casos realmente increíbles. Felizmente, todavía no he llegado a ese extremo pero ya he probado todas las posturas conocidas, de frente, de espaldas, de costado hacia la izquierda, de costado hacia la derecha, en diagonal, en posición fetal, con las  cuatro extremidades abiertas, es decir todas las posiciones, y el resultado es igual de desconcertante. Mi caso, debe ser grave porque ninguna ha funcionado.

            También he probado los consejos bien intencionados de familiares y amigos con el mismo decepcionante resultado. Toma una taza de leche caliente antes de acostarte. Wiflas. Prueba con manzanilla, es relajante. Pichón. Toma valeriana, no falla. Falló. Haz ejercicio durante el día para que te canses. Ignoro porque siempre hay gente que piensa que uno se rasca la barriga todo el santo día. Regresando al consejo: haz ejercicio y verás cómo te duermes. Never. Lee un libro aburrido. Naranjas. Me encanta la lectura y si empiezo un libro no me detengo hasta el siguiente día. Prueba con media pastillita de alpaz. El médico me recetó la cuarta parte. Yo tomé una pastilla entera y llegué a contar hasta quinientas ovejas antes de mandarlas al carajo sin dar siquiera una pestañada. Reitero, mi caso debe ser grave.

            Sin embargo, existe un detalle que me tranquiliza. El insomnio solo me visita de manera ocasional. Una o dos veces al mes. Además, uno termina por acostumbrarse. En efecto, hace varios años que acepté la derrota y ya no lucho contra la ausencia desconsiderada de Morfeo. Desde entonces, me siento mucho mejor. Más relajado y menos irritable o culpable. Apenas descubro que he caído en sus redes, me levanto, enciendo la laptop y a escribir. Por ejemplo, este artículo fue producto de dos noches de insomnio. Desvelo que ahora considero como una parte importante de ser. Bien dice la sabiduría popular: cuando no puedas derrotar al enemigo, únete a él. Es lo que hice. Incorporé al insomnio dentro del círculo de mis escasos amigos. Insomnio, eres mi amigo, y como amigo te pido un favor. Un único favor que espero algún día escuches, cada vez que vengas a visitarme, no quedes toda la noche desgraciado. Eso no se le hace a un buen amigo.

lunes, 26 de agosto de 2013

SÍ, BILLY. PODEMOS IR AL PARQUE


De esta manera, Avery Corman autor Kramer vs. Kramer presenta en la novela el último diálogo entre los personajes principales. Ted, un padre que de improviso se ve enfrentado al cuidado de su hijo interpretado en el filme de manera magistral por Dustin Hoffman, y Billy, el hijo que padece las consecuencias del disuelto matrimonio. Corman, el autor no es reconocido como un gran escritor, pero en ocasiones autores que no gozan de mayor prestigio tienen el ingenio de crear historias maravillosas, lástima que no puedan escribirlas tal y como se la imaginan. Kramer vs. Kramer representa uno de estos singulares casos donde la película supera al libro. Entre otros casos me atrevería a citar la novela El Padrino de Mario Puzo. Reitero, aunque en cuestiones ligadas al arte todo criterio resulta bastante subjetivo, a mi juicio el guion adaptado del filme supera a la novela. Tal vez, este sea uno de los motivos del por qué la mayoría de las personas recuerda a los personajes interpretados por Hoffman y Meryl Streep y casi nadie evoque a Avery Corman. Recordemos que el filme fue merecedor del Oscar el año de 1979, y que Streep recibió la misma estatuilla como actriz de reparto.
En el arte, a diferencia de la psicología, el conflicto se entiende de manera distinta, por este motivo, se equivocan quienes pretenden analizar a través de la ciencia una novela, un cuento, un filme. De la obra en cambio, es posible obtener algún conocimiento psicológico. Luego es necesario demostrarlo, claro, pero es posible recibir luces orientadoras acerca de la psicología humana. De modo específico el conflicto en literatura, donde se incluye el guión se basa en una situación irresuelta que puede permanecer de esta manera, es más, no se pretende como en la ciencia encontrar una solución. Esta carece de relevancia, incluso más importante que hallar una respuesta, es encontrar en la historia ritmo, atmósfera, verosimilitud.  
Imaginen una película sin conflicto. ¿Qué haría Frodo de “El señor de los anillos” si no tuviera que destruir el anillo de Sauron o Batman en una ciudad Gótica sin villanos? La película sería aburridísima.  En Kramer vs. Kramer el conflicto se presenta desde la primera escena. Lo apreciamos desde el título. En una  habitación sombría, apenas con una luz tenue, Joanna le dice a su hijo: “Te quiero”. La atmósfera perfecta que de inmediato nos permite avizorar que algo ocurre. El tono melancólico de la madre, su expresión que concuerda con la escasa luz. Sin duda, algo no está bien. Luego, cuando Billy dice: “Nos veremos en la mañana”, y su madre le responde con el silencio queda confirmada la desolación por venir. La presentación en paralelo del triunfo laboral de Ted y la decisión de abandonar el matrimonio por parte de Joanna es un acierto del director. Un miembro de la pareja que encuentra el éxito laboral y el otro que termina por hundirse en la inconformidad, la insatisfacción, propios de un vacío existencial que agobia a muchas personas, sobre todo a aquellas que optan por analizarse. Sócrates decía: “Una vida sin examen no merece la pena ser vivida”. Es el caso de Joanna, la diferencia radica en que su análisis no es productivo sino autodestructivo, un autoengaño. “No soy buena para él”, le dice a Ted al momento de despedirse y abandonar todo, incluso a su hijo. Situación sorprendente en su momento, Recuerden que el filme  se estrenó a fines de la década del 70, cuando era impensable que una mujer abandonara a su hijo. El abandono, la evasión de la responsabilidad de los hijos siempre fue considerado masculino, cuántas veces hemos sido testigos de padres que ni siquiera aceptan firmar a sus hijos. La figura de la madre goza de un estatus diferente, siendo una de sus máximas representantes la Virgen María. Para los no creyentes, también existen ejemplos: son las hembras de los animales quienes se encargan de las crías, en muy pocos casos sucede lo contrario. El macho del pingüino emperador empolla el huevo, lo mismo sucede con el caballito de mar que los carga en una bolsa, algún caso más por ahí, después siempre es la hembra la encargada. Como era natural, esta herencia se trasladó al hombre, y la sociedad se encargó de mantener el estatus quo durante miles de años. De ahí, el impacto del filme.
¿Cuánto valor se necesita para dejar a su hijo?, pregunta Ted sorprendido. ¿Acaso el amor de la madre no es innato o es aprendido como sostienen algunos? ¿Y el instinto maternal? ¿Acaso la relación madre hijo no es un vínculo indestructible? Recordemos que lo primero que hace Billy en la mañana es preguntar por su mamá. La etología demostró que la hembra cuida la cría, sin embargo, en las noticias vemos como madres abandonan a sus bebés en los basurales o en las tuberías del desagüe. Sucede que ya no somos solo instinto, entonces nos equivocamos. Nos equivocamos al elegir pareja, nos equivocamos al elegir cuando tener hijos, al momento de educarlos, al momento de abandonarlos.  
A diferencia de la madre, entre padre e hijo relación pasa por un periodo mayor de adaptación. ¿Cuántos varones cambian gustosos el pañal de sus hijos? En mi opinión, pocos. Ted recibe la noticia de la ruptura de su matrimonio, de su relación con sorpresa, como la reciben la mayoría de personas que alguna vez, han sido abandonadas. La crisis surge de pronto, y Ted tiene que repetirle a cada instante a su hijo que todo está bien, es como si se lo dijera a sí mismo. Al principio, incluso no acepta la separación. Imagina que Joanna volverá, es la negación absoluta y el teléfono que timbra refleja la sensación de vacío y dolor que la ausencia de la pareja ha ocasionado. Y sucede que cuando uno es abandonado, siente por un periodo de tiempo que el mundo le pesa una tonelada, que las horas no pasan y que la vida será insoportable sin la pareja. Por fortuna, todo pasa. No hay que olvidarlo, todo pasa. Hasta el enamoramiento más sublime. Hasta el dolor más intenso.
            Además de la relación padre hijo que muestra el filme, con sus períodos de adaptación, por ejemplo, los primeros conflictos cuando Billy bota el jugo sobre los papeles de trabajo de Ted. El desafío ante el helado que marca quizá una de las mayores crisis que lleva al niño a reclamar a su mamá, Karmer vs Kramer es un filme sobre el abandono. Un esposo que pierde a su esposa, un hijo que pierde a su madre, una madre que abandona a su familia. Ted que termina perdiendo su trabajo y después la custodia del niño. Todo es abandono seguido del resentimiento respectivo. No hay separación sin trauma. No existe el abandono sin dolor, es una fantasía del que se marcha.
Por otro lado, es un error subestimar a los niños. La carta absurda de la madre donde dice que pretende buscar algo interesante por sí misma. ¿Y su hijo? ¿Qué madre podría escribir algo así para su hijo de 6 años? Billy capta muy bien el mensaje, percibe que su mundo familiar se ha derrumbado y se culpa, por este motivo, le pregunta a su padre: “¿Me dejarás?”.
Pasada la crisis, Ted vuelve a colocar el cuadro de la esposa en el cuarto de Billy. Una forma de decir que el dolor pasa. Qué importante la frase de Ted “Pero ahí estoy”, cuando su hijo siente el alejamiento. ¿Cuántos padres podrán decir lo mismo? ¿Cuántos padres podrán hacer sentir que están allí para sus hijos?
La renuncia de Joanna a la custodia del hijo a pesar de haber ganado el juicio, solo confirma sus propias carencias, su imposibilidad vincular incluso consigo misma. Ni siquiera es capaz de saber lo que quiere. Tal vez, porque ni ella misma se quiere. Antes el divorcio se veía como fracaso, en la actualidad, ya no se percibe así, y la escena final de la puerta del ascensor que se cierra marca el final no solo del filme, sino de la pareja, Ted y Joanna quedan separados por la puerta, cada uno en su propio espacio, y del conflicto, del cual Billy no tiene ninguna culpa.

La escena del desayuno  marca la evolución de la relación padre hijo a pesar de la tristeza en la atmósfera. Una relación es aceptación, no es obligación. Los hijos jamás olvidan a sus padres, incluso su ausencia puede significar una presencia. Y los padres cuidan  de sus hijos, al menos eso deberían. “Sí, Billy podemos ir al parque”. “Sí, hijo podemos ir al parque” Es una frase que todos nosotros que hemos sido niños una vez, recordamos con cariño.