jueves, 30 de abril de 2015

¿SOY PSICÓLOGO?


Los tiempos han cambiado. Es vidente. No significaba lo mismo decidir estudiar psicología a finales de la década de los ochenta, que en la actualidad. La diferencia resulta casi abismal. Los prejuicios en contra de los psicólogos eran más intensos en aquellos años, y las oportunidades laborales representaban casi una utopía. Un segundo escollo para muchos jóvenes eran los propios padres. Recuerdo que una amiga, cuando anunció a sus familiares, que postularía a psicología, le respondieron: “¿Y de qué vas a vivir?” Ante tal argumento, ella terminó eligiendo el periodismo. Felizmente, en mi caso no sucedió lo mismo. Mis padres apoyaron mi decisión, o por lo menos, se mostraron neutros. Yo tenía otra pasión: la literatura y ellos, la conocían. Ignoro cuál hubiera sido su reacción, si les anunciaba mi postulación a la Facultad de letras, quizá por eso, cuando mencioné psicología, no se les derrumbó el mundo encima.

            Parece mentira cuántos años han transcurrido desde aquel lejano 1988 cuando en medio de la crisis económica, donde cada peruano cargaba en el bolsillo innumerables billetes de intis sin ningún valor, postulé a una universidad particular, dato que muy pocos conocen, e ingresé a la carrera de psicología a los 16 años. Un año después estaba decepcionado. No de la psicología, sino de aquella universidad, así que decidí trasladarme. De esta forma, me convertí en villarrealino. Sí, la Universidad Nacional Federico Villarreal es mi Alma Mater. Universidad por la tengo sentimientos encontrados. Lo confieso. Amor y odio. Así es mi relación con ella. La quiero cuando percibo el entusiasmo de las nuevas generaciones de alumnos, y la odio…en fin, este artículo aparecerá en un blog público, así  que no interesa porque la odio a veces. Solo a veces.

            Le debo mucho a la psicología, pero debo hacer una segunda confesión. Le fui infiel porque continué cultivando mi pasión por la literatura, Saramago, Kundera, Carver, son capaces de conmoverme hasta la lágrima. Incluso estudio Literatura como segunda profesión. Así es mi infidelidad o quizá debería decir mi escisión. Es cierto que la psicología y la literatura van de la mano, una desde la ciencia y la otra desde el arte, pero entonces ¿soy un psicólogo o un escritor? Por supuesto que soy un psicólogo, un psicoterapeuta de pareja, y a la vez, estoy convencido de que uno mismo no puede atribuirse el título de escritor, eso lo deciden los lectores. En cambio, si puedo afirmar que soy un psicólogo, disfruto de la interacción con mis alumnos y mis pacientes, y sentir que uno es capaz de dejar una huella, un beneficio aunque sea muy pequeño en ellos, me llena de orgullo.

miércoles, 18 de marzo de 2015

TELEFUNKEN


De niño le tenía miedo al Hombre Araña, también a Sombrita y a Fantasmagórico. Debo haber tenido unos seis años. Quizá menos. Recuerdo que me negaba de modo tajante, cuando mi abuela al descubrirme escondido detrás de la puerta pretendía apagar la televisión. Era un televisor antiquísimo de cuatro patas con imagen en blanco y negro de marca Telefunken. Muy antiguo. ¿Cuánto tiempo ha pasado? Me da vértigo de solo pensarlo. Aquella marca, ya ni siquiera existe. Cada mañana, mi abuela encendía el televisor, sintonizaba dibujos animados y me dejaba sentado en el sillón mientras se dirigía a la cocina. A los pocos minutos, ya estaba escondido detrás de la puerta. “Pero si no estás viendo”. Ella tenía razón. Apenas sacaba la cabeza y aquel monstruo de 24 pulgadas, un televisor enorme, inmenso para la época me devolvía una escena espeluznante: la penumbra del bosque donde se internaba Sombrita, el joven héroe. Al instante comenzaba a temblar y volvía a esconderme.

¿Cuánto tiempo ha transcurrido? ¿Quién recuerda en la actualidad a Sombrita o a Fantasmagórico? Casi nadie. Mi hijo ve The Backyardigans y Pocoyó. Cómo han cambiado los tiempos. Mi abuela todavía vive. Tiene 96 años, camina apoyada en un andador, casi no puede pronunciar palabra y es incapaz de reconocer a algún miembro de la familia. Confunde a todos. Sus hijos, es decir, mi madre y mis tíos, son para ella sus hermanos, primos o amigos. Yo, ni siquiera sé a quién represento. Siempre soy alguien diferente. Sin embargo, la primera vez que llevamos a mi hijo a conocerla, sucedió algo inesperado. Mi abuela no me reconoció pero pronunció, después de mucho tiempo, una frase con toda claridad apenas vio a su bisnieto: “Un bebito, tapa su cabeza”, dijo sonriendo y la emoción fue inmensa. Es mi abuelita Bárbara, mi mamita Bárbara, como prefería que la llamaran. Ahora, José, mi hijo tiene dos años, y cada vez que vamos de visita, se acerca a verla. Ella no puede hablar, se limita a sonreír y José juega alrededor. Cada vez que observo la escena, me reconforta pensar que en algún lugar de su memoria, todavía recuerda cuando encendía aquel enorme televisor Telefunken para que su único nieto se escondiera detrás de la puerta hasta la hora del almuerzo. Me agrada pensar que su amor sigue intacto, que no se perdió al dañarse su memoria. Me consuela pensar que mi mamita Bárbara todavía está ahí.

sábado, 14 de febrero de 2015

¿POR QUÉ NO CELEBRO SAN VALENTÍN?


La amistad y el amor están perdiendo la batalla con la posmodernidad. Aunque no lo crean es cierto. Y esto, no solo se debe al abuso de la tecnología que ha terminado convertida en una prótesis de nuestro cuerpo, sino a la indiferencia que implica. Todavía tenemos amigos, todavía tenemos experiencias amorosas. Por supuesto que sí. No piensen que este artículo está en contra de ello. No, lo que sostengo es que tanto la amistad como el amor han sido reducidos casi a su mínima expresión. Se han convertido en la piedra en el zapato que estorba el desarrollo personal de muchos. Celebran el día del amor y abandonan, porque no existe otra palabra, a sus hijos con las nanas. Celebran el día de la amistad y traicionan a los amigos por un ascenso laboral, es decir se cambia a un ser humano por dinero. Absorbidos en esta sociedad donde el hombre es lo menos importante, surge la necesidad de que exista un día de la amistad, un paliativo que nos adormece. Lo sorprendente es que la gente se lo crea e incluso lo celebre.

Desde mi perspectiva, el amor y la amistad no se proclaman, se viven como experiencia, se accede a ellos. Por ello, casi hasta la náusea, observo como cada 14 de febrero aumentan los regalos entre las parejas, los restaurantes y cines se abarrotan de tontuelos adormecidos que creen celebrar algo, y no se percatan que esta actitud solo es una forma de lavar sus conciencias. ¿Cómo hoy día celebro el 14 contigo, tengo el derecho de olvidarte el resto del año? Amistad es ética y amor es aceptación. ¿Reconocen las palabras? ÉTICA y ACEPTACIÓN. ¿Acaso alguna persona con un mínimo sentido común puede pensar que se puede celebrar San Valentín en un hotel? Si piensa de este modo es que no sabe nada de amor y de amistad.

Y la ética y la aceptación suceden a través del vínculo. Aquí les propongo una interrogante: ¿Cómo nos afecta el sufrimiento ajeno? Como sostiene la notable ensayista Sontag (2000) nos estamos acostumbrando a la crueldad. Basta ver las imágenes de los noticieros por las mañanas. Pero no nos desviemos del tema. Si como sostengo el amor y la amistad están perdiendo la batalla ¿qué nos queda? El dolor y la esperanza. El dolor por el vínculo traicionado, un dolor que nos defiende de la locura, porque mientras lo experimente tengo la seguridad de que existo. Como señala Nasio el dolor es la prueba (2007) de  una separación irreversible y que nos orienta a reconstruirnos. Solo aceptando el dolor seremos capaces de dejar de lado la frustración, la traición o lo que haya ocasionado la ruptura del vínculo y reconstruirnos. La amistad, el amor y el consecuente dolor ocasional no tienen por qué ser convertidos en un espectáculo. ¿Nos importa el dolor de los demás? Afortunadamente existe el otro componente, la esperanza no como una sensación ilusa, vaga o nebulosa de que algo mejor sucederá. No de ninguna manera, sino como lo entiende Alberoni (2006), la esperanza como una posibilidad sustentada en lo real, la posibilidad de alcanzar algo distinto y mejor. El amor y la amistad no han perdido la guerra, solo han perdido terreno, demasiado tal vez, pero estoy convencido de que todavía está atrincherada en algunas personas que colocan en primer lugar al ser humano y no sus apetitos de poder personales, y no en aquellos que solo te dan un like en el Facebook cuando necesitan algo o en vísperas de elecciones. Ellos no sus amigos.

Siempre estaré a favor del amor y de la amistad, es más escribo sobre ellos, lo que no puedo aceptar es la actitud absurda de fechas como esta. Así, que a pesar de ser amigo de algunos de ustedes, disculpen si no les deseo un feliz día de San Valentín.

viernes, 16 de enero de 2015

BREVE COMENTARIO DE "PIEDRA DE SOL" DE OCTAVIO PAZ


“…no soy
no hay yo
siempre somos nosotros…
muestra tu rostro al fin
para que vea mi cara verdadera
la del otro
mi cara de nosotros…”


            Este fragmento corresponde al poema “Piedra de sol” de Octavio Paz publicado en 1957. Es un extenso poema cuyo tema principal gira alrededor de la fragilidad de los diversos aspectos humanos, el amor y la otredad, ligado a un contexto social. En el fragmento presentado, desde mi perspectiva se presenta el reconocimiento del yo a partir del otro en una experiencia afectiva. Es decir, lo que planteaba el psicoanalista francés Lacan: “yo soy lo que el otro ve”.  Entonces puedo convertirme en objeto de amor o de odio según la mirada del otro que en el inicio de la vida está representado por la madre. Pero existe una condición fundamental para el acceder al otro, la formación de un yo que se reconozca como tal, queda así instaurada la paradoja planteada por el poeta, es decir, para descubrir mi cara verdadera necesito del otro, es como si afirmara que el yo y el otro acceden a la condición del nosotros e incluso somos su resultado, y a la vez, el nosotros no existe sin el yo, aquí la paradoja.

viernes, 14 de noviembre de 2014

FRASES DE OSCAR WILDE


Oscar Wilde es uno de mis escritores favoritos. Su pensamiento irreverente y revolucionario para la época, expresado de forma irónica a través de sus obras resulta cautivador. Cultivó los géneros como el teatro, la narrativa corta (cuentos), así como su extraordinaria novela “El retrato de Dorian Gray”, nos acercan ha una mirada muy particular del mundo. Wilde nos invita a enfrentarnos al entorno social sin hipocresías, sin máscaras, cueste lo que cueste. Atreverse a ser uno mismo. Aquí algunas de sus frases célebres:

     “A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante”.

     “Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer mientras que no la ame”.

     “No voy a dejar de hablarle sólo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo”.

     “Si usted quiere saber lo que una mujer dice realmente, mírela, no la escuche”.

     “Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo”.

     “La única ventaja de jugar con fuego es que aprende uno a no quemarse”.


     “La experiencia no tiene valor ético alguno, es simplemente el nombre que damos a nuestros errores”.

martes, 21 de octubre de 2014

EL SENTIDO DE LA VIDA


Encontrar un sentido o significado a la vida, a la existencia es propio de la especie humana. Simons sostiene que la búsqueda del sentido de vida es la interrogante más relevante en la vida de los seres humanos, sin embargo, considero que solo algunas personas se inclinan por cuestionar tanto su propia existencia como la de los demás. Lo planteado no significa que el ser humano en sí mismo no represente la pregunta más importante de nuestra vida. Todo lo contrario. Las tres cuestiones ofrecidas por Simons: ¿de dónde vengo?, ¿para qué estoy aquí? y ¿quién soy?, surgen para intentar llenar la sensación de carencia natural de las personas, y en ocasiones extremas, estas carencias se traducen en un vacío existencial que termina devastando al individuo.
           
            ¿Y por qué no todas las personas incorporan esta pregunta como la más relevante en sus vidas? ¿Acaso el ser humano no es el único capaz de desarrollarse, de convertirse en alguien mejor? A pesar de que la respuesta a la segunda interrogante es afirmativa, no es suficiente para explicar el obstáculo plateado al principio. Desde mi perspectiva, considero que existen algunas condiciones para que un ser humano alcance el nivel de análisis que le permita acceder a los cuestionamientos ofrecidos por Simons.

            En primer lugar, debe alcanzar a cubrir de una manera saludable sus necesidades básicas, como la alimentación, el vestido y la vivienda. De lo contrario, será difícil que destine sus energías a aspectos más elevados y abstractos, aunque la respuesta a ellos, signifique acercarse a la plenitud.

            En segundo lugar, debe tratarse de una persona con una salud psíquica que le permita mantenerse en un estado consciente, donde sea capaz de reconocerse dentro de los parámetros de una identidad y diferenciarse del resto, aceptándolos como otros o ajenos. Una persona víctima de delirios será incapaz de acceder a tales cuestionamientos, puesto que es incapaz de reconocer su propio yo y por lo tanto, de analizarlo. En cambio, un individuo ansioso pero que identifica sus límites yoícos, no solo cuestionará su incomodidad sino que además, sus características personales significaran un motivo adicional para cuestionar su razón de existir en el mundo.

            En tercer lugar, debe tratarse de un individuo con interés por las actividades analíticas. Con respecto a este factor, el contexto social y cultural desempeña un rol crucial. En las últimas décadas, hemos sido testigos de cómo se va imponiendo una cultura de la imagen sobre el análisis, el raciocinio y la deliberación. En lugar de ser estimulados con lecturas y situaciones que requieran el uso de estas funciones superiores, en la actualidad, nos vemos agobiados por estímulos visuales que incluso superan la capacidad neuronal de procesar la información. Un ejemplo de ello, se observa en los filmes modernos donde las secuencias son tan rápidas que resulta imposible para el espectador procesarlas todas. Esta situación resulta muy peligrosa, porque se fomenta en las nuevas generaciones una vida mirando el mundo, en lugar de pensarlo, analizarlo.

            Retomando el tema de las carencias, Simons plantea que nacemos inacabados y que el ser humano termina desarrollándose a lo largo de la vida misma. Es decir, que tenemos que crearnos a nosotros mismos, lo que a su vez, representa todo un desafío en una sociedad que premia lo pragmático y que ha distorsionado el significado del éxito personal. ¿Qué significa tener éxito? ¿Tener más dinero o sentirse bien consigo mismo? La respuesta parece evidente, pero muchas personas actúan sin llegar a discernir el significado de la existencia, recurriendo a lo que el autor llama soluciones fáciles.

            En el aspecto de las carencias, desde mi punto de vista, existe un factor adicional, y consiste en la imposibilidad de arribar a la totalidad de la experiencia debido a las propias limitaciones de la condición de individuo. Si somos varones, jamás comprenderemos lo que piensan y sienten las mujeres, y viceversa. Si nuestra estatura es de un metro setenta, no podremos conocer el significado de medir un metro cincuenta, y así. Podremos intentar acceder a tal comprensión con la empatía, pero en el mejor de los casos significará un intento.

            Por otro lado, Simons plantea la búsqueda de una respuesta al sentido de nuestra vida como una necesidad del ser humano. En lugar de la palabra necesidad, propongo la palabra deseo. Si se revisa el significado de la palabra necesidad, se descubre un claro nexo con aspectos fisiológicos. Por ejemplo: beber es una necesidad, pero tomar jugo o limonada ingresa en el campo del deseo, o como distingue el francés Lacan: el goce. Y la búsqueda por encontrar una respuesta, un sentido a nuestra existencia se acerca más al campo del deseo que a la necesidad. Un individuo desea convertirse en un mejor ser humano, por ejemplo, anhela ser un mejor padre. Es su deseo, no una necesidad. Incluso podríamos afirmar que no lo necesita. Si abandona a su hijo, no le pasará nada. Es más, el abandono es un suceso lamentable que presenciamos a diario en las noticias. El perjudicado será el niño, no el padre. Es cierto que en un futuro, este sujeto desalmado puede llegar a arrepentirse, pero también somos testigos de lo contrario. Es como si el ser humano se estuviera deshumanizando.

            En este ámbito, el autor propone siete aspectos referidos a la interrogante del sentido de vida. Primero, discernir el tipo de vida que nos ha tocado vivir. Segundo, humanizar nuestro mundo. Tercero, regirse por la ética y una escala de valores. Cuarto, forjar un proyecto de vida. Quinto, ser capaces de afrontar las dificultades que tiene nuestra existencia. Sexto, reconocer la trascendencia a través de la creencia en Dios. Y por último, asumir la fe en Dios como la mejor posibilidad de comprenderse a sí mismo y al mundo.

            En este punto surge una interrogante: ¿hasta qué punto el ser humano común está dispuesto a aceptar o incluso siquiera a destinar parte de su vida a desarrollar este proceso? Si bien puede asumirse como una postura pesimista, considero que la satisfacción de las necesidades básicas sigue siendo un obstáculo que interfiere en este desarrollo. El planteo de Simons, además significa entender al hombre desde una perspectiva esperanzadora, un ser humano capaz de evitar la cosificación y la masificación que impone la sociedad. Sin embargo, pienso que se obvia un detalle crucial. La sociedad está compuesta por seres humanos. Un ser que según los datos estadísticos, en el mundo asesina a otro ser humano cada veinte segundos. Según el historiador Hobsbawn, desde 1914 hasta 1990, debido a la violencia intencionada, sin contar la gran guerra, han muerto 187 millones de personas. Un cifra alarmante. Entonces ¿Cuál es el sentido de vida? Por un instante, pareciera que matar a otro ser humano.

            Aquí la comprensión del significado de la palabra libertad adquiere una vital relevancia. Y no solo la libertad que implica asumir la responsabilidad de los actos, sino que además agregaría la palabra decisión. A diario, el mundo nos ofrece muchas invitaciones para estar mal, pero somos nosotros quienes decidimos si las aceptamos o no.


viernes, 3 de octubre de 2014

¿QUIÉN ES EL SER HUMANO?


Quisiera comenzar con una definición de Denegri publicada en su artículo “El asesino desorganizado” Para el autor, el ser humano es un miembro del reino animal, del filum de los cordados, del subfilum de los vertebrados, de la clase de los mamíferos, de la subclase de los euterios, del grupo de los placentarios, del orden de los primates, del suborden de los pitecoides, del infraorden de los catarrinos, de la familia de los hominoides, de la subfamilia de los homínidos, del género homo y de la especie stúpidus. Si bien la definición tiene una base biológica, su conclusión bastante pesimista es capaz de captar la atención del lector. ¿Quién es el ser humano? La única especie que está destruyendo el planeta. Pero también es la especie que nos regala novelas maravillosas como “La insoportable levedad del ser” de Kundera, o actitudes brillantes como la de la madre Teresa de Calcuta. Por otro lado, Lorenz sostenía que el hombre no podía ser la imagen definitiva de Dios. Además, si desde la postura católica Dios es el increado y carece de cuerpo, ¿Cómo podemos estar creados a su imagen y semejanza? De igual modo, las deficiencias humanas no sostienen bajo ningún concepto nuestro origen divino.


Entonces ¿quién es el ser humano? Quizá exista la posibilidad de modificar la interrogante hacia ¿quién soy? Modifica de manera radical la perspectiva. Pero en este caso, las respuestas tampoco resultan convincentes. Podría decir, que soy un varón. No es mi género. Un profesional, no es mi labor. Pienso que el ser humano, representado en cada persona, es un cúmulo de experiencias favorables y adversas, que configuran nuestra imagen. Por lo tanto, yo existo por las experiencias vividas y porque hay otro que me observa. El ser humano, es decir, yo, soy subjetividad pura, pero no en el sentido freudiano, sino en la forma como lo plantea Saramago. Soy mis recuerdos, mi presente y quizá, mi porvenir.