viernes, 13 de mayo de 2016

VÍCTIMAS DE LA VIOLENCIA EN “TODAS ESTAS MUERTES LAS LLEVO ESCRITAS EN EL CUERPO”


El poema “Todas estas muertes las llevo escritas en el cuerpo”, pertenece al libro “Contemplación de los cuerpos” (2005) de Luis Fernando Chueca, autor de los poemarios: Rincones, Animales de la casa y Ritos funerarios, donde ya encontramos el tema de la muerte como una constante. Este poema no es la excepción, el autor parece invitarnos a una reflexión sobre ella en veinte versos, donde deja sentir el dolor por las pérdidas sufridas. Pero ¿qué significa la muerte o a qué tipo de muerte se refiere? Porque no solo es una muerte legal, referida por un notario, ni una muerte solo física, sino que además, hay una referencia a una muerte psíquica expresada en el sufrimiento y que encuentra una forma de trasmisión a través de la poesía, incluso desde el título:

               “Todas estas muertes las llevo escritas en el cuerpo”

               Aquí el poeta, intenta representar a la muerte, a través de las palabras para que permanezcan grabadas en la memoria. El cuerpo se convierte en manifiesto, pero en ningún caso es posible su existencia sin un psiquismo que lo impulse. Lo latente siempre es más relevante. Surge de este modo, una memoria del cuerpo:

               “Muertes
               tatuadas con azufre o alcanfor en un único campo
               de hermosas flores negras

               que me habita”

               En este punto, nace una interrogante: ¿Y por qué estas muertes necesitan ser recordadas? Una muerte significa una pérdida, en este caso: pérdidas, en plural: “Todas las muertes acechantes”, con las cuáles el yo poético se identifica: “como reflejos inflamados de mí mismo”, y envuelve al yo de dolor, necesario desde todo punto de vista porque permite su existencia. Solo el dolor manifestado le otorga conciencia a la sensación del cuerpo: “Todas grabadas a fuego como heridas” o “frágiles insignias cosidas a mi piel, pálpito agudo”, son ejemplos de cómo las pérdidas quedan impregnadas no solo en el cuerpo, sino en la memoria, como un recuerdo persecutorio. “Amenazante”, es el verso elegido por el poeta.

               Por una razón significativa, en este caso, como un homenaje a las víctimas de la violencia que padeció el país, el yo poético considera importante que estas muertes no terminen en el olvido, entonces decide otorgarles un significado, a través de sí mismo, a través de la imagen del cuerpo:

               “Cicatrices trazadas con destreza

               de cuchillo”.

martes, 15 de marzo de 2016

¿LEER ES ABURRIDO?


No. De ninguna manera. Leer es todo lo contrario. Leer es entretenido, nos permite soñar con una realidad distinta a la que vivimos. Leer nos emociona, nos conmueve. Leer nos permite escapar de la realidad cotidiana y cambiarla por otra extraordinaria, mientras trascurre la lectura. Leer, incluso puede llegar a ser adictivo. Es la única adicción saludable que conozco. En el Perú, la dictadura de los noventa, se encargó de alejar a las nuevas generaciones de los libros, los acercó a las imágenes y a la inmundicia, y hasta el día de hoy, estamos pagando las consecuencias. No señores, leer no es aburrido. Leer nos permite vivir aquello que nos atrevemos a plasmar en la realidad. 

       
Sueñas con ser un guerrero invencible, tenemos a Aquiles en la Iliada. Deseas múltiples aventuras, a través de viajes, tenemos a Ulises en la Odisea. Ansías conocer al único matrimonio famoso de la literatura, basta leer Romeo y Julieta. Te gustaría viajar por altamar, entonces acompañemos al capitán Ahab, intentando cazar a Moby Dick. Quieres conocer el horror de la guerra, ahí están los Cuentos de guerra de Maupassant. Anhelas perderte en una noche erótica, tienes a Nana de Zola. Te gustaría añadir un poco de ironía en tu vida, el indicado es Oscar Wilde. Esperas conocer sobre los problemas sociales y su repercusión sobre las personas, tienes a Steinbeck. Quieres ingresar en la mente de un niño, Agostino de Moravia. Te gustaría conocer los conflictos psicológicos de las personas, entonces Carson McCullers, es la indicada. Deseas entender cuando se jodió el Perú, pues está Zavalita en Conversación en La catedral. Gracias a la literatura, puedes caminar entre los muertos en Pedro Páramo del mexicano Rulfo. Te sientes solo y quieres empatía con tu sensación de soledad, puedes leer El pozo de Onetti. Quieres comprender los conflictos amorosos, tienes a Raymond Carver. Anhelas una lección de vida, Cartas a un joven poeta de Rilke. Te gusta la ciencia ficción, viajar a otros planetas y conocer otros mundos, nadie mejor que Isaac Asimov. Mantenerte en suspenso con la increíble historia de una hacker llamada Lizbeth Salander, entones debes sumergirte en la saga Millenium. Quizá prefieras una versión distinta acerca de la religión, tenemos a Saramago con el Evangelio según Jesucristo y Caín. Prefieres conocer sobre la cultura que motiva al bajo mundo, ahí está el brasileño Fonseca. Te gusta reír y llorar al mismo tiempo, Junot Díaz te ofrece a Oscar Wao. Leer, de ninguna manera puede ser aburrido. Leer no solo nos brinda conocimiento, sino que además, nos convierte en mejores personas. Hay que arriesgarse y coger libro. Quizá lo disfruten.

domingo, 7 de febrero de 2016

SOBRE EL SENTIDO DE LA POESÍA LÍRICA Por: Renato Guizado



Entender el significado de una oración cualquiera implica conocer la relación entre sus partes significantes (funciones sintácticas, palabras); hallar aquella directriz que cohesiona sus miembros y les da coherencia. Cuando leemos poesía ocurre técnicamente lo mismo, pero no del modo en que sucede con los textos que leemos a diario o con las palabras que intercambiamos con otras personas. ¿Cuántas veces no nos ha pasado que al leer un poema, uno de vanguardia quizá, caemos en la cuenta de que raya el disparate?


Verde que te quiero verde. 
Verde viento. Verdes ramas. 
El barco sobre la mar 
y el caballo en la montaña

(de <<Romance sonámbulo>>, Federico García Lorca).


También sucede que nos percatamos de que unos versos nos gustaron mucho a pesar de no haber comprendido qué tenían que ver unas imágenes con otras; y entonces nos avergonzaríamos si alguien preguntara por qué nos gustaron. Otras ocasiones ocurre algo más curioso aun: gustamos de un poema que, en sentido estricto, podría pasar por una trivialidad, una anécdota u observación cualquiera e insignificante cuya profundidad, aparentemente, no tiene sustento en el sentido literal de las palabras. Y, sin ser grosero, los abanderados de este segundo tipo de poemas serían los preciosos haikus japoneses que no en pocas ocasiones hablan de ranas sobre un estanque o de caballos, como este de Matsuo Basho traducido por Octavio Paz:

Piojos y pulgas; 
mean los caballos 
cerca de mi almohada.


En parte, tenemos razón al decir que estos poemas carecen de sentido, que son disparatados. Y es que dichas apreciaciones se hacen en función de una forma de ver el lenguaje, donde el signo lingüístico solo puede descomponerse en significante sonoro y significado únicamente conceptual, sentido primario y literal. No obstante, esta forma de concebir el signo lingüístico, tal como muchos han querido interpretar la propuesta de Ferdinand de Saussure, es en extremo limitada para la tarea de la ciencia de la literatura y encuentra su punto de quiebre especialmente en la poesía lírica. Estos poemas, entonces, devienen en textos cuya coherencia no descansa en el plano conceptual más primario, donde los significados literales de las palabras no hacen un significado total reconocible. Resulta que el signo lingüístico en poesía es distinto del signo de otros contextos comunicativos cotidianos o únicamente informativos (diarios, revistas, anuncios, conversaciones neutras, etc.) donde solo cuenta el plano referencial y donde los significados literales logran trabar un mensaje lógico. El significado, pues, no solo incluye un plano conceptual; las palabras, tan humanas, también tienen una carga afectiva e imaginativa. De este modo, incluso en el lenguaje cotidiano podemos distinguir el sentimiento cuando un padre llama seriamente <<hijo>> a su hijo de cuando cariñosamente le dice <<hijito>>: en ambos el significado literal es el mismo, pero el valor afectivo varía el sentido de la expresión. Dámaso Alonso, como siempre, nos lo explica mejor:


Al reducir Saussure el contenido del signo al concepto, desconoce totalmente la esencia del lenguaje: el lenguaje es un inmenso complejo en el que se refleja la complejidad psíquica del hombre. El hombre al hablar no se conduce como una fría y desamorada máquina pensante. […] Lo que hay en el fondo de todo es que estos valores que llamamos afectivos no son separables de los conceptuales: no son, como imaginaríamos a primera vista, una especie de brisa o temperatura que impregna el concepto, sino que forman parte de él. […] Al intuir una realidad cualquiera, nuestra querencia está implícita en nuestra comprensión, la querencia es, en sí misma, una manera de comprender (Alonso 1971).


Este contenido afectivo en respuesta al estímulo del significante no resulta, en principio, siempre crucial en las situaciones que señalamos donde prima la referencia. A saber: los textos informativos carecen intencionalmente de emotividad por ser lo más objetivos que les sea posible y, de hecho, pocas expresiones cotidianas serían ininteligibles sin el sentimiento. No ocurre lo mismo en la lírica, donde el significado último es más afectivo que conceptual y donde el significante puede exceder la realidad fónica. Así, el sentido profundo de un texto lírico se halla en el plano afectivo de las palabras puesto que sucede un despliegue de la subjetividad del emisor sobre lo referido, sea ideas abstractas u objetos; el sentir es lo que el texto busca transmitir, o informar si se quiere (cfr. Kayser 1961). Y es que, como afirma Wolfgang Kayser, el sentimiento en el lenguaje puede ser también el sentido de las palabras (cfr. Kayser 1961). Tal afirmación vale tanto para un poema cuyo sentido literal sea claro como para los disparates y nimiedades de los que tratamos al inicio. Así, el motor del siguiente soneto anónimo no es la idea de Cristo tan coherente sino el profundo, aunque sufriente, amor que siente el yo lírico por este que yace en la idea:


No me mueve, mi Dios, para quererte 
el cielo que me tienes prometido, 
ni me mueve el infierno tan temido 
para dejar por eso de ofenderte.


¡Tú me mueves, Señor! Muéveme el verte 
clavado en una cruz y escarnecido; 
muéveme ver tu cuerpo tan herido; 
muévenme tus afrentas y tu muerte.


Muévenme en fin, tu amor, y en tal manera 
que aunque no hubiera cielo, yo te amara, 
y aunque no hubiera infierno, te temiera.


No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara, 
lo mismo que te quiero te quisiera.


Entonces, no es que esos poemas disparatados carecieran de significado sino que quizá buscamos en el lugar incorrecto: el nexo que da cohesión y coherencia a sus partes no está en el sentido lógico-literal de las palabras. La relación entre dos objetos que no se corresponden lógicamente se da en lo ilógico o irracional; no ocurre sino en el alma del yo lírico. Por ejemplo, <<The Love Song of J. Alfred Prufrock>>, de T. S. Eliot, se abre con un símil donde el ocaso se relaciona con un enfermo anestesiado sobre una mesa de operación:


Let us go then, you and I, 
When the evening is spread out against the sky 
Like a patient etherized upon a table;


El significado no es factible si buscamos una relación lógica o real entre ambos; pero sí lo hallaríamos en lo imaginativo, si pensamos en la caída del sol, y en lo afectivo: el atardecer es triste, una agonía angustiante como la enfermedad. Por otro lado, lo que el yo lírico de Matsuo Basho quiso hacer no fue contarnos esa desagradable escena sino transmitir con ella un estado de ánimo. Lo poco elevado o sin importancia también puede adquirir sentido al ser formulado por la actitud lírica de quien enuncia. Si les gusta un poema que no entendieron es porque, probablemente, entendieran la parte principal: el sentir del yo logró transmitirse y ahí reside el efecto estético. Ahora una aclaración: en todo texto el plano conceptual siempre se capta antes que el afectivo; lo que sucede es que hay distintos grados de captación del concepto, podemos hallar coherencia en todo el texto como solo coherencia dentro de las oraciones, e incluso solo reconocer palabras y no las frases formadas con estas. Como se aprecia en el soneto que tomé de ejemplo, el sentido literal del texto era entendible y se constituye en un elemento importante de la génesis del efecto lírico; no obstante, puede ocurrir que, como en la comparación del poema de Eliot, se sugiera una relación lógica-conceptual, quizá creada, en una relación emotiva perceptible. En el segundo caso ocurre que, una vez percibido, el sentir es susceptible de una explicación racional en la que se halla la concepción del yo lírico sobre el tema que trata. Así, pues, se crean los llamados <<niveles de lectura>> y la distinción entre poetas <<cerebrales>>, cuya emoción está contenida casi totalmente en la idea, y <<sensoriales>>.


Naturalmente, la comprensión del texto en todos sus niveles asegura la experiencia poética plena. Con esto quiero aclarar que no propongo una lectura impresionista o llana de las palabras: toda idea que habita el poema merece atención y tiende a la complejidad, sea natural o adquirida, en especial porque su formulación suele estar impregnada de subjetividad. La metáfora no solo tiene un significado afectivo. Sucede también que las imágenes significan una idea compleja, funcionando de forma referencial independientemente y afectiva en el contexto total: la <<secreta escala>> de <<Noche obscura del alma>>, de San Juan de la Cruz, remite indudablemente a la idea neutra del ascenso místico graduado; y así toda la poesía mística se encuentra llena de imágenes que son significantes de ideas y no de emociones.

lunes, 18 de enero de 2016

EL DÍA QUE SALÍ DE CLASE


Ricardo Silva-Santisteban es un profesor de escuela antigua. De aquellos que exige atención absoluta y te expulsa del aula de clase, si descubre a algún alumno conversando o revisando su celular, una mala costumbre de las nuevas generaciones. Profesores como él, me enseñaron en pre grado en la década de los noventa cuando estudié psicología en la Universidad Nacional Federico Villarreal. En aquellos años, todavía muy pocos tenían acceso al celular, a nosotros nos expulsaban por hablar en el aula o incluso por realizar una mala exposición. No estoy afirmando que los métodos educativos antiguos sean superiores a los actuales, solo establezco una diferencia. Ahora el empoderamiento del alumno, en ocasiones prima sobre la autoridad de cualquier profesor pusilánime. Pero la metodología educativa no es motivo de este artículo, sino mi experiencia como estudiante de una segunda profesión. ¿Cuál? Literatura, y no estoy trastornado, ni estoy en plena crisis de los cuarenta, ni se me ha zafado un tornillo. Sucede que soy un psicólogo que ama la lectura, y soy consciente que aquí en el Perú, leer no significa casi nada. En primer lugar, hay que ganarse el sustento, y recién en segundo lugar, intentar hacer lo que nos eleva el espíritu. Un absurdo total, pero así es la vida para un gran número de personas. Por ese motivo, no estudié Literatura, además, a fines de los ochenta no existían la cantidad de universidades que hay en la actualidad donde basta inscribirse para estudiar. Años atrás, las universidades eran escasas y para conseguir un lugar en sus aulas, había que estudiar con ahínco. Convertirse en universitario era un verdadero mérito. Así, terminé en la Facultad de psicología, donde aprendí a querer la profesión.

No es simpático vivir dividido, pero como en muchos casos, la escisión se impone en la vida. Siendo un amante de la literatura, terminé como psicoterapeuta de pareja. Qué paradoja. Me convertí en un infiel de mí mismo. Sin embargo, nunca dejé de leer y escribir. Mis dos verdaderas pasiones. Estudiar literatura como segunda profesión resultó inevitable.

El semestre pasado conocí a Ricardo Silva-Santisteban en el curso de Poesía. Un amante de Shakespeare. Un verdadero Maestro. Todo un académico. Por primera vez, en mi historia de estudiante hubo momentos donde me sentí como un total ignorante. Incluso era incapaz de elaborar una pregunta. Es cierto. Entendía la clase, pero cuando el Maestro anunciaba el tiempo para absolver alguna duda, no tenía la menor idea de qué preguntar. Sucede, que ese detalle solo tiene lugar, cuando uno se encuentra con una personalidad académica de tal magnitud, que los escasos conocimientos no alcanzan para elaborar una interrogante, (algo similar, me había sucedido en las clases de Ricardo González Vigil), y es una lástima que académicos como ellos, sean cada vez más difíciles de encontrar en las universidades. Son otros tiempos argumentarán algunos. Desde mi punto de vista, se trata de una excusa. 

Ricardo Silva-Santisteban es Presidente de la Academia Peruana de la Lengua y Caballero de las Artes y las Letras del gobierno francés. Es ensayista, traductor y poeta. Gracias a sus clases que parecían conferencias magistrales, conocí la poesía de Li Tai Po, Coleridge, Marwell, Poe (de quién solo había leído sus cuentos) y entendí por primera vez a Eguren. Aprendí a valorar en toda su magnitud, cómo la furia de Aquiles desencadena toda una serie de sucesos en el noveno año dela guerra con Troya en la Iliada, y las aventuras de Ulises en la Odisea.

Recuerdo que acudía al aula con un enorme bloque de separatas de poética, y una de las pocas veces, que no la llevé completa porque pesaba mucho, al Maestro se le ocurrió analizar el poema “En alabanza de la vida campestre”, y ¿adivinen? La ley de Murphy se cumple. Soy testigo. No tenía el bendito poema entre mis separatas. El profesor anunció como condición para escuchar la clase, tener el poema. De este modo, más de la mitad de los compañeros salimos corriendo hacia la fotocopiadora. Todos los jóvenes maldiciendo y yo como un padre tratando de poner calma. A pesar de ello, me sentí contagiado por la energía de la juventud manifestada en sus reclamos. Los jóvenes siempre creen tener la razón, y no la tienen. Luego, lo descubren, claro. Cuando la experiencia se impone, pero en aquel momento, me sentí joven de nuevo. Fue estupendo.

Solo tengo una frase por agregar: gracias por sus enseñanzas, Maestro. 

domingo, 27 de diciembre de 2015

AÑORANZA


Extraño los pollitos que cuidaba mi abuela. Extraño escucharla cantar. Extraño viajar a Otuzco, su tierra natal con ella. Extraño a mis padres de la infancia. Crecí y como es natural, ellos desaparecieron a pesar de tenerlos cerca. Extraño correr por el parque. Extraño subir a los juegos mecánicos con mi  madre. Extraño ver a Ultrasiete derrotando a los monstros que invadían La tierra, a Marco buscando a su mamá, a Meteoro ganando carreras, al Correcaminos huyendo de las ingeniosas trampas del coyote. Extraño reírme como un niño. Extraño canjear muñecos de Los Picapiedra en las lavanderías American Dry Cleaner. Extraño el chocolate Superleche. Extraño mi infancia.

No extraño mi colegio.

Extraño jugar fútbol toda la tarde con mis amigos en la calzada. Ser arquero porque era el único puesto para el que servía. Extraño jugar canicas, trompo y chapita. Extraño ensuciarme la ropa y llegar todo sudado a mi casa. Extraño faltar al colegio y después tener que ponerme al día con las tareas. Extraño cuando mi tío me llevaba al cine a ver películas de ciencia ficción y de súper héroes, y también extraño mirar las fotografías de los estrenos en los murales de las paredes. Extraño pasear con mi madre por las tiendas Scala, Monterrey y Tía. Extraño coleccionar e intercambiar figuritas de los álbumes de Navarrete. Extraño mis clases de natación aunque al inicio las detestaba. Extraño ver a Perú en el Mundial de España 82. Extraño a la mascota Naranjito. No importa que Polonia nos goleara por 5 a 1. Extraño mi niñez.


No extraño la escases de los ochenta.

Extraño las gaseosas Piña Canada Dry y Teem para la peor sed. Extraño la saga original de Star Wars, aunque la pueda ver repetida mil veces. Extraño jugar ajedrez, no importa si perdía el ascenso de categoría por medio punto. Igual extraño la tensión de estar sentado frente al tablero. Extraño las tribunas colmadas del hipódromo para ver a Misilero y a El Duce. Extraño a Lutz ganando el Gran Premio Latinoamericano. Extraño correr maratón. Extraño saltar en las tribunas del estadio. Extraño grabar música en casete. Extraño cuando existía la amistad. Extraño Trujillo adonde prometo retornar. Extraño mi adolescencia.

No extraño el terrorismo.

Extraño mis años universitarios y todo el tiempo libre que tenía. Extraño a las chicas que me dijeron que no, también a las que me dijeron que sí. Extraño a mis amores imposibles, también a mis amores posibles. Extraño a mi tía Julia que siempre creía en mí. Extraño ir al gimnasio. Extraño el concierto de Indochina en el Amauta. Extraño la voz de Freddy Mercury. Extraño la salsa de Rubén Blades y de Héctor Lavoe. Extraño la emoción de mi primer viaje en avión. Extraño los combates de Hagler y Duran. Extraño las carreras de Sena y Schumacher. Extraño leer en los buses, acabar novelas de 500 páginas y de inmediato comenzar una nueva. Extraño a Michilin, un gato parecido al de “Cementerio de animales” de King. Motta, una perrita chusca juguetona. Oso, un pastor alemán que mis padres regalaron porque no querían la casa convertida en un albergue de animales; y a Kitty, una pekinesa traviesa de color caramelo, todas las mascotas que me acompañaron hasta este momento. Cuanto las extraño. Quizá demasiado. Extraño a mis amigos. Extraño cuando reíamos juntos. Incluso a veces, me extraño a mí mismo. Extraño mi juventud.


No extraño mi vida adulta. La estoy viviendo.

domingo, 29 de noviembre de 2015

PRESENTACIÓN DEL LIBRO: “HASTA SIEMPRE, YODA” DE FERNANDO ESPÍRITU


“Hasta siempre, Yoda”, es el nuevo libro de cuentos del psicólogo y escritor Fernando Espíritu, editado por Intermezzotropical. La presentación tendrá lugar en la Feria del libro Ricardo Palma, en la sala Antonio Cisneros, el viernes 04 de diciembre a las 5:00pm. Presentan la directora de cine y narradora Rossana Díaz Costa, el narrador Roberto Reyes, y modera Victoria Guerrero Peirano, editora de Intermezzotropical.
Sobre el libro de Fernando Espíritu, Rossana Díaz Costa escribe: “Como una inusitada lluvia, que arrasa con sus personajes casi a modo de purificación, los cuentos de Fernando Espíritu nos trasladan a una lima sumida en el caos, gobiernos en crisis y la dictadura fujimorista de los años noventa”.
Fernando Espíritu ha publicado los libros de cuentos: Te queda un poco de café (2011), Qué saben los ajedrecistas de mujeres (2004) y Río salvaje (2002). En el campo de la psicología, ha publicado La pareja en blanco y negro. Amor y conflicto (2013), Psicología y literatura (2009) y La pareja entre el amor y el dolor (2007). Este último, en coautoría con Marivel Aguirre.

Se agradece su participación.

sábado, 21 de noviembre de 2015

AZAR O INCONSCIENTE EN “UN GOLPE DE DADOS”


¿Acaso todos vivimos tragedias griegas como pensaba Freud? ¿Determinismo puro o azar? Es el dilema de Nadja, la protagonista de la novela “Un golpe de dados” de Victoria Guerrero. Quizá las circunstancias de décadas terribles experimentadas en el Perú entre los 80 y 90 han decidido nuestra individualidad. Una individualidad de secretos y añoranzas que colinda con la melancolía. La novela plantea un viaje hacia el interior de uno mismo. Un interior, donde prima el conflicto latente: “Las palabras se convierten en una enfermedad cuando las mantienes dentro de ti”. Y las palabras existen para salir a la luz. ¿Qué otro sentido tendrían? Para Lacan, lo inconsciente está lleno de palabras, pero una palabra destinada a permanecer oculta, carece de trascendencia si no se expresa. Claro que también puede convertirse en acto, en pauta o en síntoma. En el caso de la literatura, este acto se llama escribir,  y cuando uno lee “Un golpe de dados”, tiene la sensación de encontrarse con palabras plagadas de emociones y sentimientos, en la mayoría de los casos encontrados y dialécticos, añoranzas por días felices, matizados con una dosis de melancolía. Sucede que la novela, grafica de modo nítido el psiquismo humano, sin esconder nada, ni pretende brindar la absurda ilusión de muchas personas, por alcanzar aquel estado de nirvana imposible de lograr en una sociedad como la nuestra.

         
      La novela parece rechazar lo normal, lo convencional, y se inclina por lo tanático, ya que la palabra muerte surge en reiteradas ocasiones. Sin embargo, su fin no parece ser el tánatos, sino que enfoca la sinceridad como una necesidad y es presentada como protesta en una sociedad donde todo el mundo prefiere el silencio. “Un golpe de dados” revela el psiquismo tal y como es, alejado del determinismo, sin adornos, ni exageraciones, nos ofrece momentos felices e instantes de pérdidas: “H…desapareció un día de octubre”. Son episodios que se asumen como una culminación de etapas, una vez, elaborada la culpa. La protagonista Nadja padece, así lo demuestran las secciones de Azar y de Comando Plath donde destaca la emoción y la lírica del texto.


Por último, considero que existe un personaje encargado de hacer entender al lector que la tristeza no es suficiente: el Pollo. Personaje que cumple la función de arquetipo, imagen inconsciente presente en todo ser humano, y que nos permite continuar adelante, aceptar la diferencias y luchar por aquello que creemos, porque llega un momento en la vida donde es necesario lanzar los dados. Felicitaciones a Victoria Guerrero por escribir una novela, que nos recuerda cómo es la vida y cómo somos nosotros.

sábado, 14 de noviembre de 2015

LA VERDADERA TRAGEDIA


Es lamentable lo sucedido en Francia. Más de cien muertes absurdas porque no existe ninguna razón, ni mucho menos una ideología que sustente la muerte de siquiera un ser humano. Lo sucedido ayer es una muestra del caos total, al cual, la indiferencia del hombre por sus semejantes lo ha llevado. Muertes, destrucción, violencia. Qué más estamos esperando para que exista una reacción. Primero, empezamos a destruir el planeta como si tuviéramos otro a dónde mudarnos cuando La tierra, nuestra hermosa Tierra, quede totalmente depredada. Y ahora, estamos aniquilando de modo salvaje al propio ser humano, a nuestro semejante. Tales sucesos dejan familias rotas, sociedades enfermas, disfuncionales. Y lo peor, es la apatía de los semejantes. Claro, al siguiente día una gran mayoría opta por la huachafería de colocar los colores de la bandera francesa en sus fotos de facebook. Otros proponen orar por las víctimas y los familiares, como si ello, les devolviera la vida o paliara su dolor. Es como pretender que la fantasía se imponga sobre la realidad. Es negar la realidad  y solo es una muestra más del mundo absurdo en el cual vivimos, y no me importa parecer alguien que va contra la corriente. No, solo estoy escribiendo desde la ira, desde la vergüenza, desde el desconcierto, que con seguridad, muchos argumentaran, no son buenos consejeros.

Pero sucede que no entiendo porque el dolor de los demás no motiva reacciones. No es suficiente sentirse conmovido. No, de ninguna manera, lamentarse no basta. Las acciones se imponen. Como sostenía Sontag, notable ensayista americana, la indiferencia se ha apoderado del ser humano. De lo contrario cómo entender lo sucedido en Francia.


Y ¿solo en Francia? ¿Y qué pasó con los jóvenes decapitados en México? ¿Con los palestinos y sirios que mueren todos los días? Pero ni siquiera hay necesidad de dirigir nuestra mirada tan lejos. ¿Qué sucede con nuestros compatriotas víctimas de los rezagos de Sendero, o con aquellos niños que todos los años mueren por culpa del frío en los Andes? Nadie dice nada. Es como si no existieran. ¿Acaso esperamos que un gobierno corrupto, que de manera desesperada intenta esconder sus fechorías, se dirija hacia los niños y los rescate? Eso no va a suceder. Es imperativo comenzar por nuestro semejante, ayudarlo de acuerdo a nuestras posibilidades, y cuando ellas se agotan, hacer un esfuerzo adicional. De lo contrario, esta sociedad dejará de llamarse como tal. Esa es la verdadera tragedia.