martes, 1 de junio de 2021

LA DISTANCIA ENTRE DOS PERSONAS

 

Uno de los desengaños amorosos que más preocupan a las personas es la infidelidad. A pesar de su relevancia, no es posible afirmar que la infidelidad, es lo peor que puede ocurrirle a una pareja. Para algunas personas dejar la ilusión del “yo te creía perfecto”, propia del enamoramiento y recibir atisbos de realidad, es suficiente para provocar estragos tanto en su persona como en la relación. Así, una vez instaurada la herida narcisista, la tendencia a culpar al otro adquiere una significancia extrema dentro del vínculo que termina por deteriorase.

Si bien, la conformación del “nosotros”, es generalmente rápida, su disolución es penosa y lenta, y es, en este camino tanático, donde las diversas formas del conflicto establecido alcanzan su expresión. Una de ellas, es la infidelidad. Solo una de ellas. En la pareja, también pueden surgir otro tipo de expresiones como los celos, el maltrato, la incompatibilidad, el aburrimiento, igual de nocivos, aunque con diferente significado y quedar instauradas como parte del vínculo.

Y todo tiene su inicio en un único suceso: la elección.

En “Al otro lado del mundo”, guión adaptado de la novela “El velo pintado”, el escritor inglés Somerset Maughan, se muestra una historia de amor ambientada en los años veinte, donde la protagonista Kitty, una joven de clase alta, decide casarse con la intención de huir de su casa, con Walter, un médico bacteriólogo a quien no ama. Una vez establecidos en Shangai, Kitty se enamora de otro hombre con quien inicia relaciones clandestinas y el drama estalla, cuando Walter descubre la infidelidad. En venganza, Walter acepta un trabajo en un remoto pueblo de China azotado por una mortífera epidemia de cólera. Kitty se ve obligada a acompañarlo y es en ese viaje, al otro lado del mundo, donde ambos encontraran sentido a sus vidas, al ser testigos del dolor y la miseria, vivirán reencuentros y nuevas pérdidas, para terminar descubriendo que la fidelidad no está en el otro, sino en uno mismo.


La fidelidad se entiende como exclusividad, es una especie de monoteísmo. Tener una sola pareja, implica tener un solo dios, al menos durante el enamoramiento. Según Varela (2004), la fidelidad es una cualidad de las relaciones humanas que se basa en la lealtad, la honestidad, la veracidad y la actitud de desinterés. En opinión de Alberoni (1996), la fidelidad implica siempre una dedicación de energías, un obsequio de sí mismo a favor del amado. Entonces, ¿Cuándo aparece la infidelidad? Varela (2004), nos ofrece algunas respuestas:

  • Cuando ha surgido un nuevo amor.

  • La pareja es infiel.

  • El modo de amar es contrapuesto al de la pareja.

  • El ambiente conyugal es insoportable.

  • Existen problemas sexuales.

  • Existe un alto nivel de estrés.

  • Es notable el descuido físico o higiénico de la pareja.

Es claro que podemos añadir otras razones, además falta resolver el tema del amor, porque la infidelidad ha sido ligada la mayoría de las veces al contacto sexual, lo cual no resuelve todas las interrogantes al respecto. Veamos otra situación, una persona que ama a otra distinta de su pareja, pero que no tiene ningún contacto con ella ¿es infiel? Amor y sexo no siempre van de la mano y se convierte en una interrogante por dilucidar.


jueves, 31 de diciembre de 2020

Lorrie Moore y las ranas


        Recién tuve la oportunidad de leer a Lorrie Moore este año. Un año de crisis y pérdidas en algún sentido para todos. En mi caso, una de las formas terapéuticas de afrontar la pandemia fue la lectura, y un grato descubrimiento fue esta autora nacida en Nueva York, que tiene la maravillosa habilidad de combinar el humor dentro de un clima de melancolía. 

        En su novela "¿Quién se hará cargo del hospital de las ranas?", nos relata la vida de Berie, la protagonista a modo de recuerdo de su adolescencia. No solo somos testigos de sus aventuras y descubrimientos del mundo, sino que además, nos entrega un significado de la amistad y una manera original de sobrellevar una relación de pareja fallida. Aunque que existen momentos dónde el argumento parece detenerse y quizá un lector acostumbrado a textos más ágiles pueda sentirse algo estancado. Sin embargo, es un libro con una historia conmovedora, capaz de tocar con la punta de los dedos nuestras emociones y sentimientos. Para mí, esta característica en una novela es suficiente.

lunes, 2 de noviembre de 2020

BELLEZA NEGRA O AZABACHE


 La primera vez que vi “Belleza negra” era un niño e ignoraba que era una novela de la escritora inglesa Anna Sewell. Fue una serie para televisión que llegó a la pantalla con el nombre de “Negro Bonito”, y narraba la historia de un caballo que pasaba por distintas aventuras al tener que ser vendido por su dueño debido a razones económicas.

La historia combinaba el drama, la crueldad y el humor de una manera que conmovedora y no me permitió perder ninguno de sus capítulos, a pesar de lo doloroso que podían resultar algunos de ellos. El suspenso de la desolación se mantiene hasta el final dónde un giro inesperado me devolvió el aliento y el ánimo.

Algunos años después, en 1987 encontré de casualidad una versión animada de 48 minutos que respetaba el título original de la obra: “Belleza negra”, pero como es evidente no podía tratar con profundidad todo lo visto en la serie.

Mucho tiempo después, cuando descubrí que no solo era una película para televisión, decidí leer la novela y comprendí que Sewell tenía un gran afecto por los caballos y pretendió denunciar el maltrato a los animales para buscar un trato justo para ellos. Además, al ser escrito en 1877, pienso que es uno de los primeros casos dónde se humaniza a los animales puesto que la historia es narrada en primera persona.


En la actualidad, “Belleza Negra” o “Azabache” es considerado un clásico de la literatura juvenil y tuvo tanto éxito que existen unas cinco adaptaciones a la pantalla. La última fue en 1994.

Por otro lado, la autora Anna Sewell consiguió ver y disfrutar del éxito de su novela, pero muy poco tiempo, ya que falleció algunos meses después de la publicación. Espero que se animen a buscar este maravilloso libro.

martes, 20 de octubre de 2020

CINCO NOVELAS DE CIENCIA FICCIÓN

     En esta ocasión, les ofrezco una lista  de cinco títulos del género de Ciencia ficción. Como es evidente, muchos autores quedan al margen, pero con la promesa de incluirlos en una siguiente lista. Aquí mis recomendaciones y comentarios.

                                                         FUNDACIÓN - ISAAC ASIMOV

    Considerado el Padre de la Ciencia ficción, Asimov nos obsequia su famosa saga de la Fundación. En un inicio se trató de una trilogía, pero luego, decidió ampliar su saga a ocho novelas. En ellas, nos relata el auge y la caída del Imperio galáctico en Trántor, dónde el protagonista Hari Seldon propone salvar los restos de la civilización a través de un poder conocido como la Fundación. Asimov también es conocido por su libro de cuentos "Yo robot" y múltiples obras con diversas temáticas. Su legado implica todo un universo. Los invito a conocerlo.



                                                    FAHRENHEIT 45 - RAY BRADBURY

    En esta lista, no podía faltar este autor estadounidense más conocido por su libro: "Crónicas marcianas". Sin embargo, preferí elegir esta novela distópica que describe a la civilización occidental como si estuviera esclavizada por los medios,en la cuál, los bomberos cumplen la misión de quemar los libros que el gobierno considera prohibidos.  El autor nos relata los cuestionamientos de Guy, un bombero que no se conforma con su mecánica labor.



                                            SOY LEYENDA - RICHARD MATHESON

    Esta novela es un clásico en su género. Es un texto sobre la soledad y el aislamiento, dónde el protagonista Robert reflexiona sobre el bien y el mal en un  mundo sangriento azotado por una enfermedad que ha transformado a la raza humana, dónde surge un dilema final, muy distinto al mostrado en el filme del mismo nombre.



                                           PARQUE JURÁSICO - MICHAEL CRICHTON

    Quizá es uno de los autores que más ha visto su obra en las pantallas de cine. Una de la primeras fue "La amenaza de Andrómeda" en 1971. En "Parque jurásico", los dinosaurios vuelven a conquistar la tierra por culpa de unos inescrupulosos que buscan comercializar con la ingeniería genética. El proyecto se escapa de control y ya se imaginan lo que sucede.



                                    LA LEGIÓN DEL ESPACIO - JACK WILLIAMSON

       Autor poco conocido fuera del género de ciencia ficción, aunque escribió otras obras. Confieso que elegí este título por ser un texto de mi juventud. Se trata de una novela de aventuras espaciales dónde John Star junto con un grupo muy particular debe rescatar a Aladoree, la guardiana del AKKA, un arma muy poderosa y necesaria para proteger a La Tierra de unos invasores alienígenas. Cuando uno lee esta novela, no puede evitar encontrar paralelos con la famosa saga de Star Wars, aunque la novela de Williamson aparece más inocente para los tiempos actuales. Sobre todo recomendaría el texto para los jóvenes que deseen iniciarse en el maravilloso mundo de la lectura.





domingo, 27 de septiembre de 2020

EQUIVOCACIONES DEL DESEO

 

No conozco a ninguna persona que necesite tener una pareja. En cambio, conozco a muchos que desean tener una pareja, lo cual, es muy diferente. Exacto, hay un gran abismo de diferencia entre necesitar y desear. Mientras la necesidad se entiende a través de lo biológico, el deseo se estudia desde lo psicológico. Si no tengo una pareja, a nivel fisiológico no sucede nada conmigo. Es cierto que en algunas personas, esta situación afectará su autoestima o los dejará sumidos en la frustración o en la tristeza, pero todas estos casos se pueden superar con el tiempo, salvo que surja un trastorno de por medio. Además, la psicopatología siempre es una excepción de lo contrario, no se definiría como tal.

 

            Una vez establecido que la elección pareja se gesta a través de aspectos psicológicos, paso a un segundo aspecto: la responsabilidad de dicha elección, es decir, que el individuo debe asumir el compromiso de su deseo, hablo de una especie de sintonía entre lo que uno siente y lo que uno hace, y para llevarlo a cabo, lo acepta o no lo acepta. Cualquier inconsistencia a este nivel, propiciará en el futuro conflictos, sobre todo en las aspiraciones que se vivencian como no cumplidas.


 

            Aquí una de las principales raíces del error en cuestiones de deseo. Escasas personas saben con nitidez qué es lo que desean con respecto a una pareja. Generalmente, se tiene una idea vaga o idealizada. En ambos casos, la mala elección puede llevar a las personas al desastre amoroso. Un ejemplo de ello, son las relaciones peligrosas. En el primer caso, porque se elige sin darse cuenta del significado del otro, y en el segundo caso, porque se antepone la fantasía a la realidad.

 

            Así que debemos recordar, las personas no necesitamos tener una pareja, deseamos una pareja. No todos, claro. Muchos prefieren estar solos o solas, pero ese es otro tema.


viernes, 21 de agosto de 2020

EL AMOR ES UNA TONTERÍA

 

Aunque no lo crean, hay muchas personas que están convencidas de ello. Si no cómo explicar la cantidad de separaciones al poco tiempo de contraer matrimonio. Las personas piensan que tener familia es un juego, que los inconvenientes que ocasiona la convivencia se resolverán solo porque se aman. Lo peor sucede cuando los conflictos estallan porque muchas veces, involucran de modo indirecto a los hijos, y es que la gente piensa que el amor es una tontería.

Veamos un ejemplo: “Me caso con alguien solo porque tiene un rostro bello, y luego, en el matrimonio descubro que somos incompatibles o somos muy distintos, tenemos gustos diferentes y no  nos toleramos, entonces ¿qué hago? Me divorcio. ¿Y si hay hijos? Mala suerte. Quedan como un barco a la deriva y un trauma por superar. Mi inmadurez me llevó a casarme y ahora, a divorciarme, y de paso perjudico a niños inocentes”.

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Como pueden ver, es un ejemplo de la vida cotidiana. Repito, un gran número de personas sigue pensando que el amor es una tontería, cuando en realidad es algo muy serio. Hace unos años, cuando lo comprendí, escribí varios cuentos dónde el tema central es la pareja. Se trata de mi libro “Te queda un poco de café”. Sentir amor es una muestra de madurez, y una persona madura tiene menos posibilidades de elegir mal a una pareja y por consiguiente, la probabilidad de separarse será más lejana. Aquí un dato: solo puedo amar, si primero me amo a mí mismo. Solo puedo compartir amor, si tengo amor. Recuerde: El amor no es una tontería.


domingo, 31 de mayo de 2020

LA AVIACIÓN DE JF



JF es fanático del filme Cars. Ha visto la película unas 800 veces, y en mi caso unas 600, porque no le gusta ver la televisión solo. En realidad no le gusta hacer nada solo. Así que en cada oportunidad en la cual coge sus autos y pide su video, mi esposa o yo, o ambos teníamos que sentarnos con él y volver a ver el filme. Recuerdo que llegó un momento, donde alcancé a memorizar cada escena. Incluso llegué a ser capaz de recitar los diálogos de los personajes a la perfección y a descubrir los momentos predilectos de mi hijo: los choques de autos, sobre todo cuando salían volando unos encima de otros. Mi hijo no solo estaba aprendiendo sino además, jugaba con los ojos.

¿Cuándo comenzó este cambio en JF? Cuando logró ponerse de pie y dio sus primeros pasos. La capacidad de caminar le brinda a todo niño una nueva visión espacial del mundo, su campo de acción se amplia de modo notable. Antes estaba limitado a la zona donde lo colocábamos, y en cambio, ahora podía dirigirse hacia donde quisiera. A nosotros, nos emocionó verlo caminar, pero a la vez, la angustia nos invadió hasta niveles siderales, porque su deseo de explorar lo llevó por cada rincón de la casa, sin medir el peligro, y cada vez que encontraba algo que lo satisfacía lo convertía en un juego. El juego, la actividad más significativa para todo niño.


Y para jugar, una parte importante son los juguetes. La otra más importante, por supuesto, son los padres con quienes jugar. Lo entendía a la perfección, pero quería que JF tuviera juguetes y poder divertirnos juntos, hasta que un día escuché una entrevista al premio nobel José Saramago, a quién admiro como persona y escritor, decir que los niños en la actualidad casi no tienen la posibilidad de crear porque los padres actuales llenan las habitaciones de los niños de juguetes. En la actualidad, un niño ni siquiera tiene la posibilidad de disfrutar de un juguete, y elegir uno como su preferido, porque de inmediato ya le compraron otro. Y tiene razón, en mi infancia recuerdo haber tenido mi caballito favorito, mi tigre, mi auto amarillo. En cambio, ahora veo a mi hijo pasar de un juguete a otro sin mayor significancia. De inmediato, detuve la mano y reduje la compra de juguetes y recordé cómo se divertía al principio con un perrito con ruedas que para variar decía: “guau”, que le obsequiaron mis padres cuando cumplió su primer año. Lo llevaba por toda la casa. Los juguetes con ruedas y de bloques son los mejores para comenzar.

Una tarde regresó a la casa con un avión de peluche. “Se lo ganó en una fiesta”, dijo mi esposa. Era uno de los protagonistas de una película de Disney. Entonces tuve una recaída. Olvidé las sabias palabras de Saramago y poco a poco compré todos los peluches. Ahora, JF tiene su aviación completa o quizá deba decir: yo tengo mi aviación completa. Solo sé que corremos y reímos haciendo carreras de aviones y luego, otra vez, coge sus autos y pide su video de Cars. Todavía ignoro el resultado de estas acciones, aunque en estos casos, siempre resulta útil recordar que el punto medio aristotélico es imprescindible.

jueves, 23 de abril de 2020

CÓMO LLEGAR A SER UN TERMINATOR

             Cuento publicado en mi libro: "Otro más que muerde el polvo" por Intermezzotropical.


Papá parecía no querer a mamá. Jamás la vi darle un beso, ni siquiera una palmada en el hombro. Aunque en realidad, papá parecía no querer a nadie de nuestra familia, porque a sus hermanos y sobrinos, los adoraba. Papá conducía un Toyota verde del 96, hacía taxi y era capaz de llevarlos hasta el fin del mundo si se lo pedían. En cambio, a nosotros no nos llevaba ni a la esquina. Ni siquiera se movió cuando mi hermano Ismael se murió. Apenas tenía cuatro años y era fanático de Cars. Había visto la película unas ochenta veces. Para mí que no la entendía del todo, pero igual se mataba de risa con los choques. Eran sus escenas preferidas. Miraba fascinado cuando los autos volaban unos sobre otros y terminaban despatarrados sobre la pista de carreras. Mamá y yo lo veíamos contento y nos reíamos con él. A veces llegaba mi padre y arruinaba todo. “De nuevo, con esa cojudez”. Ismael lo ignoraba, o quizá no sabía el significado de la palabra cojudez porque seguía concentrado en la pantalla. Mamá caminaba hacia la cocina y yo miraba a papá con ira.

Sucedió muy rápido. El tiempo a veces es ingrato y solo avanza. No existen las pausas. Un día Ismael jugaba con sus bloques de colores en la sala, y al otro, ya no estaba. Claro, nadie podía adivinar que sus simples estornudos terminarían en una pulmonía. Estaba resfriado y en un descuido se comió un helado. El mío. Cuando lo descubrí, sonreía con su boca manchada de crema por su travesura. En la noche, volaba en fiebre. Mi madre salió corriendo a emergencia con mi hermano en brazos. Mi padre ni se movió, siguió echado en la cama durmiendo. ¿Y el auto? En el garaje. Mamá no sabía conducir, sino lo habría hecho. El viejo no quiso enseñarle. Cuando le pregunté a papá por qué no los llevaba, me miró con cara de pocos amigos y ordenó que me callara. Jamás imaginé que no volvería a ver a mi hermano. Creo que mi padre tampoco, porque a los diez minutos, lo escuché hablar por teléfono. Susurraba. Luego, se cambió el pijama, salió oliendo a perfume del baño y se largó. Creo que la mujer se llamaba Nilda. La odiaba con todas mis fuerzas, pero detestaba más a mi padre. Ismael murió esa misma noche, aunque yo recién me enteré a la mañana siguiente cuando mamá regresó a casa. Tenía una cara zombie, seguro por la mala noche.

Era un día luminoso. Luz solar sin bochorno. Algo raro en la capital. Encontré a mi madre sentada con las piernas juntas en una silla de la cocina, parecía tener mil años. Sorprendida, triste, pareció titubear, luego preguntó por papá. “No está”, le dije. “Creo que salió a trabajar”. Ella me miró, sus ojos hablaron, sabía que mentía. Papá apenas trabajaba. Todos los días, salía temprano con el pretexto del taxi, porque en realidad era una excusa. Mamá aguantaba y yo no sabía qué carajo hacer. Quizá ella tampoco, y por eso, todo seguía igual. Papá se largaba a tomar desayuno con la tal Nilda, y después se dedicaba a perder el tiempo conversando con sus amigos que llevaban encargos en el mercado de flores. Si por el camino, le salía algún pasajero, cumplía con el servicio y listo. Era todo su trabajo. Así nos metía el dedo a todos. Ya conocía su discurso de cada noche cuando dejaba unos cuantos billetes sobre la mesa. “Con esta crisis, ya casi nadie toma taxi”. Después, colocaba su cd de Los Panchos y preguntaba si había periódico. Si existe gente conchuda, mi padre debió ser el rey de todos, y mi madre, bien gracias. Como si cayera la lluvia y no se mojara. ¿Cómo fue que se casaron? Siempre fue un misterio para mí.

-¿Y mi hermano?
-Se murió.

¿Qué? No jodas, ma. No se lo dije, claro. Solo lo pensé. Hasta el día de hoy me lo pregunto: ¿cómo pudo ser tan fría con tremenda noticia? Parecía un cubo de hielo. Un robot. Y lo que dijo después, me sorprendió aún más: “Alístate para el colegio”. Entonces comprendí, no quería que la viera llorar. Su rostro colorado, sus puños apretados. Cogí mi mochila y salí rápido. Muy rápido.

 Mi padre dijo que fue su culpa, un descuido de mamá. Al principio, ella no dijo nada, solo lo miraba fijo. Una mirada de polo norte. Ni siquiera ese día los vi apoyarse. Ni un solo abrazo. Solo gritos por toda la casa. ¿Por qué aguantaba tanto, mamá? No lo sabía. Cuando llegaron los abuelos al velorio, la mirada de mamá cambió. Pasó de una mirada de congeladora a una de miedo. Tenía la mirada de Terminator cazando a Sara Connors. Papá ni siquiera se dio cuenta. Mamá, parecía traer algo entre manos.


En unas semanas llegó diciembre. Nada sucedió. Aumentó el calor y estaba aburrido. Todo era más aburrido desde la muerte de Ismael. Un día sentí su ausencia más que nunca, vi su rostro sonriente, algo cabezón y de ojos grandes, y me sentí culpable por todas las veces que lo había mandado de paseo y no había jugado con él. Y por mi helado. Sobre todo por haber dejado mi helado sobre la mesa. Mi madre seguía en un estado de zombie con mirada de Terminator y mi padre no había modificado un ápice su rutina. Nilda por las mañanas, su familia por las tardes y el periódico por las noches. Una noche regresando a la casa lo encontré sentado en la cocina, bebía de una lata de cerveza. Decía que la comida era una porquería. Criticaba a mi madre, a mis abuelos. Criticaba todo. No lo soporté. “Mierda”, grité y fui corriendo hacia él. Mi madre quiso detenerme pero pasé muy rápido. Mi padre no lo esperaba. Atónito, lo vi levantar su lata. Pensé que me la lanzaría por la cabeza y me derribaría de un golpe como otras veces, pero no fue así. Intentaba alejarla mientras caía de la silla. La lata fue rodando debajo de la mesa, la cerveza se esparció por el piso. “Carajo”, dijo, pero no se defendió. Solo intentaba detener los golpes. Quizá en aquel instante recordó a Ismael, su cara redonda, su sonrisa. No sé. Si llegó a sentir algo de pena, tampoco le duró mucho.

Siguió visitando a esa tal Nilda. Al poco tiempo, mi madre sorprendió a todos y sin avisar a nadie, cambió la cerradura de la casa. Cuando mi padre regresó y advirtió que sus llaves no servían para nada, comenzó a gritar y a golpear la puerta. Miré a mamá. Estaba diferente. Ya no tenía cara de zombie, solo la mirada fría de un Terminator. Abrió la ventana y comenzó a lanzar la ropa del viejo a la calle. Decidida, molesta, hastiada, gigante. Era mi madre. “¿Qué te pasa loca?” “Lárgate, mierda, sino te echo agua caliente”. Papá siguió gritando un rato, fue mucho tiempo, una eternidad. Luego, imagino que se marchó, porque ella cerró la ventana, cogió un cuadro donde sonreíamos Ismael y yo juntos y se recostó en el sillón. Fue la única vez que la vi llorar.

 Ahora cuando nos cruzamos por la calle, mi padre me ignora. Yo todavía siento un escalofrío, pero sigo mí camino. “Hasta la vista, baby”. Qué más puedo hacer.