viernes, 15 de abril de 2022

EL POR QUÉ DE LA GUERRA

 

A raíz de la invasión de Rusia a Ucrania, lo que ha derivado en una siempre lamentable guerra, la pregunta que intentó responder Einstein en 1932 con varias personalidades de la época, entre ellas Freud, está todavía vigente. El ser humano parece no haber cambiado desde entonces, o sí lo ha hecho ha sido muy poco. Al menos en temas de comportamiento. Tiene escaso valor todo el avance tecnológico si este en lugar de brindar un beneficio, nos lleva a la destrucción.

          En 1932, Europa estaba al borde del colapso. En Italia imperaba el facismo, Alemania estaba a punto de caer en manos de los nazis, en la ex Unión Soviética se imponía un comunismo autoritario, por citar algunos ejemplos. En ese marco caótico, Einstein le escribe una carta a Freud dónde la pregunta ¿Por qué la guerra? Freud, el padre del Psicoanálisis lo pasa mal en ese momento. ha perdido hijos en la Primera Guerra Mundial, y padece de cáncer en la boca. Entonces su respuesta es totalmente pesimista a pesar de que intenta maquillarla. Sostiene que el conflicto que puede alcanzar niveles de violencia es inherente al ser humano.

          Por supuesto que su teoría de las pulsiones puede ser discutida y hasta rechazada, pero lo importante es el intercambio y respeto académico que existe entre estas dos personalidades. Freud piensa que acabar con las guerras es imposible. Para él, lo fundamental es estudiar los procesos de identificación y cómo surge la violencia en el individuo. Einstein se muestra más optimista. Confía en las leyes aunque reconoce que no será suficiente con ellas.


          Los acontecimientos posteriores fueron una muestra del triunfo de la violencia. Es cierto que existieron períodos de paz, pero apenas alcanzaron a ser pequeños intervalos en una larga línea de tiempo. Las guerras están vigentes como en 1932. Lo que sucede en Ucrania solo es la punta del iceberg. Está el caso de Somalia, de Palestina y muchos otros. En psicología, después del Psicoanálisis surgieron diversas teorías que intentaron explicar la violencia, y se ha llegado al punto dónde la teoría sobra. Nos faltan soluciones. 

          La educación no basta, la terapia tampoco, mucho menos la política. Quizá el ser humano sea un error evolutivo como sostuvo Tinbergen, y se termine auto aniquilando si no se adoptan medidas drásticas como predijo Hawking. Nuestro futuro es incierto. ¿La violencia o la vida? Es el momento de decidir.

         

domingo, 30 de enero de 2022

DESPUÉS DEL ENAMORAMIENTO

 

¿En cuántas ocasiones una pareja que comenzó su relación con la ilusión de haber encontrado un paraíso, terminó convirtiendo su vida en un infierno? ¿Cómo sucedió este cambio tan nefasto? La respuesta puede parece demasiada simple: poco a poco. El enamoramiento plagado de ficciones nos ciega y desempeña un papel fundamental en nuestra elección de la pareja, lo cual, unido a la tendencia del enamorado a ocultar aquello que considera sus debilidades mostrando solo su mejor faceta, es suficiente para sembrar la semilla del desencanto y la disfunción posterior.

            Esta respuesta: “poco a poco”, nos obliga a precisar una notable diferencia entre el inicio fantástico de toda relación, en especial si ambos miembros decidieron unirse bajo los efectos del enamoramiento, y su desenlace donde queda instaurada la infelicidad crónica qué en algunos casos puede llegar a derivar en situaciones de maltrato. Antes de llegar a sucesos lamentables, la separación de los cónyuges, surge como una alternativa saludable ante la imposibilidad de solucionar ciertas incompatibilidades. Alberoni (2005), sostiene que el enamoramiento no solo incluye una emoción intensa, sino que además es repentino, es decir, una persona puede no sentirse enamorada el día de hoy, y la próxima semana, descubrir que está enamorada perdidamente. Este cambio brusco es necesario para incitar al individuo a buscar el acercamiento de la posible pareja. En el lado opuesto, encontramos a aquellas parejas que una vez superada la ilusión inicial encuentran dificultades para acomodarse a las diferencias descubiertas en el otro, entonces se decepcionan, sufren y deprimen, pero es muy importante aclarar, no se desenamoran con facilidad, y por consiguiente, luchan por mantener el vínculo.


            Aquí, en esta lucha, puede surgir el germen de la disfuncionalidad si los integrantes de la pareja no comprenden que entre el deseo y la realidad hay una diferencia, si no manejan la angustia y elaboran la frustración, lo cual implica aceptar el placer postergado, la ambivalencia natural de la vida y entender que la pareja nunca será todo lo que esperamos. Kreimer (2005), sostiene que el paso del enamoramiento al amor, es doloroso, debido a que implica renunciar a ciertos deseos, proceso necesario, donde se elabora el duelo respectivo para acceder a la realidad, elemento fundamental del amor.

Desarrollar una vida en pareja no es una situación que se debe tomar a la ligera. Una pareja puede convertir nuestra vida en un paraíso o en un infierno. Debemos entender algo fundamental, solo acceden a tener una pareja saludable los adultos, no los niños, y por supuesto, no me refiero a la edad cronológica. El infantilismo de muchas personas enturbia el vínculo, y lo que es lamentable queda convertido en un estilo de vida. Pareja conformados por personas inmaduras pululan por todo el mundo. Por otro lado, es signo de madurez aceptar las carencias y percibir al amado como un todo en diversos espacios y tiempos, y no amarlo solo cuando satisface nuestras necesidades. Recuerde: “sí ninguno es culpable, ambos los son” (Nardone, 2014), lo que no quiere decir que en una relación ambos tengan la misma cantidad de responsabilidad de la disfunción, pero sí de por lo menos una parte. La gran mayoría de dificultades en pareja aparecen lentamente. No de improviso. La conocida frase de Branden (2000): Primero un yo, luego una relación, podría complementarse del siguiente modo: primero salud y equilibrio personal, luego una relación de pareja saludable.


miércoles, 22 de diciembre de 2021

El cerdito de Navidad de Rowling

 

                    J. K. Rowling, famosa por la saga de Harry Potter, de la cuál confieso solo he leído los dos primeros volúmenes, me sorprendió de modo grato este año con una novela infantil llamada: "El cerdito de Navidad". Recuerdo que la encontré en uno de mis habituales paseos por las librerías. Cuando descubrí el libro con su fondo verde oscuro y a un cerdito rosado con un niño detrás suyo, al instante pensé en mi hijo. Por suerte encontré un ejemplar abierto y comencé a ojearlo. La historia capturó mi atención al momento. Un niño y Dito, su cerdito de peluche en un contexto de cambios familiares que los llevarán a tener una serie de aventuras. Es todo. Pero ahí está lo maravilloso del libro. Rowling nos atrapa con una novela infantil, capaz de provocar la reflexión en los adultos, sin perder la fantasía propia de las historias infantiles que muchos adultos de modo erróneo subestiman.

                      El cerdito de Navidad entretiene y emociona, y considero que con estos dos aspectos ya es suficiente para que un texto literario aspire a dejarnos una huella. Rowling es extraordinaria para conectarse con los niños y jóvenes. En esta ocasión elige un tema familiar y las posibles consecuencias que los cambios y las pérdidas pueden significar en la vida de los niños. 

                     Si quieren fomentar la lectura en los niños a partir de los 8 o 9 años, les recomiendo este libro. Incluso lo pueden leer juntos, como hice con mi hijo y disfrutar de sus deseos de seguir leyendo con tal de descubrir qué sucedía en el siguiente capítulo.

domingo, 17 de octubre de 2021

CINCO LIBROS QUE LEÍ DE ADOLESCENTE

                                 Sin novedad en el frente - Erich Maria Remarque

          Es la primera novela bélica que leí. Publicada en 1929, narra las experiencias trágicas de un grupo de jóvenes soldados durante la Primera Guerra Mundial, siendo el protagonista Paul. A lo largo de la historia, el autor no solo nos va mostrando los horrores de la guerra, sino que además, reflexiona acerca de la muerte latente en todo momento. 


                                   Lo que el viento se llevó - Margaret Mitchel

          Recuerdo que es uno de los primeros libros de más 700 páginas que me atreví a leer en una edición de dos dos volúmenes de la editorial Oveja Negra. También estoy casi seguro de que fue la primera autora, aunque de modo particular tiendo a no fijarme en el género del autor. Lo que me importa es la obra y esta novela es una de las mejores que he leído. Con toda seguridad es más famosa la película protagonizada por Vivian Leigh y Clark Gable, pero les aseguro que la novela es muy superior. Mitchel nos obsequia a Escarlet O'hara, un personaje para la historia de la literatura. Por momentos la amamos cuando se muestra decidida y autónoma y en otros, dejamos de empatizar con ella, cuando se vuelve manipuladora y cruel. Un extraordinario personaje que nos muestra la ambivalencia propia del ser humano.


                               El cartero llama dos veces - James M. Cain 

         Es una novela corta de 1934 del género negro dónde la violencia cobra un rol fundamental. Narra la historia de Frank, un estafador y vividor que unido a Cora planifican asesinar al esposo de ella. La novela nos mantiene en suspenso, contiene escenas brutales y sádicas, que pueden leerse de una manera bastante ágil, dónde el contenido sexual termina desatando una tragedia. Pueden ver la película con Jack Nicholson, pero el final es totalmente diferente.


                                  Los piratas de la Malasia - Emilio Salgari

        Casi no conozco a un amante de la lectura que no haya leído en sus años de juventud las historias del pirata Sandokan, conocido como el Tigre de la Malasia. Salgari nos transporta a un mundo de aventuras, batallas, dolor y situaciones heroicas en los mares de oriente. Una novela para todo joven que desea iniciarse en el mundo de la lectura.


                                  El americano impasible - Graham Greene

        Con una trama detectivesca ocurrida en Saigón, Thomas, Alden y Foung son los tres personajes que tratan de sobrevivir en medio de los bombardeos vietnamitas en un momento histórico de la retirada de los franceses y la llegada de los norteamericanos al sudeste asiático. El drama que se avizora alrededor de los personajes nos conmueve, por un instante parece poder evitarse, pero Greene nos desengaña, o quizá solo nos muestra la cruda realidad.


domingo, 19 de septiembre de 2021

CINCO LIBROS QUE ME DECEPCIONARON

 

              La intención de esta lista no es generar polémica, ni nada por el estilo. Espero que no tomen como una herejía el hecho de que aparezca algún libro que ha ustedes les haya gustado, lo que de seguro es muy posible. Solo se trata de preferencias personales que no disminuyen en absoluto mi amor por la literatura, lo que sucede con estos títulos es que no llegué a conectar con ellos, y puede deberse a múltiples factores: quizá los leí en un mal momento, no estaba preparado o simplemente no supe apreciarlos. 

                                                   Historia de dos ciudades de Dickens

Leí esta novela en mis años universitarios y recuerdo que resultó muy densa para mi gusto. Tiene imágenes entrañables, pero en general, su lectura terminó siendo pesada y algo desorganizada, pasa de la historia de Lucía al juicio de Damay sin orden, y luego se van añadiendo más personajes que terminaron por confundirme y desalentarme.


                                                          El gatopardo de Lampedusa

Aquí estoy seguro de que voy a herir varios sentimientos. Me acerqué a este libro con mucha expectativa, pero simplemente me aburrió. Creo que la razón fundamental fue haberlo leído de adolescente, porque apenas evoco la historia del Príncipe Fabrizio. Recuerdo que esperaba una serie de aventuras y no hay nada de ello, sino escenas de la decadencia de la aristocracia italiana. Creo que le voy a dar una segunda oportunidad a este clásico.


                                                               Papá Goriot de Balzac

Este libro para mí fue una muestra de cómo uno puede reconocer una prosa bien escrita (porque adoré Piel de zapa del mismo Balzac) y sin embargo, no empatizar con ella. Sería impensable negar la genialidad del autor francés, lo que sucede es que de modo particular esta novela, no me gustó. Uno comienza a leer y la historia no avanza. Se detiene en exceso en las descripciones, y no es que no las aprecie, ya que son necesarias para el contexto, pero hay un abuso de ellas y el libro termina siendo agotador.


                                                      El hombre que fue jueves de Chesterton

Con esta novela me sucedió algo muy curioso. Cuando terminé de leerla casi no la recordaba y acabé olvidando por completo su argumento al poco tiempo. Fue como si jamás la hubiera leído. Algunos años después volví a leerla y me ocurrió lo mismo. Apenas recuerdo que se trata de un espía que es reclutado en Inglaterra y nada más. No puedo contarles nada porque no guardo ninguna escena o imagen adicional. Lo cual, por supuesto lamento mucho. Quizá el libro no era para mí. Solo eso.


                                                               Los desposeídos de Le Guin

Este es el libro más actual de los anteriormente citados. Inicié su lectura con mucha expectativa. Había leído diversas referencias favorables a la novela, no solo por la crítica literaria sino por escritores reconocidos que experimenté una especie de éxtasis cuando inicié su lectura. El problema fue dicha emoción se desvaneció a las pocas páginas. Es una novela de ciencia ficción que representa una crítica a la sociedad, pero sus personajes carecen de emoción. Al menos a mí, no  me dicen nada. Uno no llega a conocerlos. Quizá esto sucede porque la crítica social termina por absorber a la historia, y de modo particular esperaba leer una novela y no un ensayo.







jueves, 29 de julio de 2021

FICCIÓN EN EL ENAMORAMIENTO Y SEPARACIÓN

 

Cuando tenemos la necesidad de una nueva perspectiva, una concepción diferente del mundo, ya sea porque nuestra percepción del entorno cambia o porque los cambios del mismo son reales, surge la ficción, el enamoramiento. Este es uno de los motivos por los cuáles, hay personas que jamás se enamoran, viven en medio de la apatía o del temor, habitan demasiado seguros en su mundo y alrededor han construido un cerco protector de racionalidad, qué si bien los defiende del dolor propio de la frustración amorosa, también los priva de la alegría del enamoramiento.

            Enamorarse no solo implica ilusión, sino además, representa la disolución del entorno social del individuo para trasladarlo a otro mágico y momentáneo, es decir, la vida cotidiana se destruye para dar paso a otra forma de vida, el escape hacia la ficción. La actitud hacia el mundo cambia porque ahora se incluyen nuevos comportamientos, valores, leyes. Surge una lógica diferente que nos aleja de lo habitual y nos acerca a lo desconocido. Y lo desconocido emociona, ilusiona, pero también angustia, aquí la ambivalencia de los enamorados. Son presa de una alegría inmensa en presencia del objeto amado y a la vez, experimentan un miedo terrible al rechazo o fracaso de la relación. Sucede que, en ocasiones, la persona que nos ayuda a transformar nuestro mundo y, por consiguiente, nos transforma a nosotros mismos, se aleja. Es el retorno a la realidad.


¿Significa entonces, que en la separación retornamos a la realidad? No, la realidad no tolerada por muchos, provocó la separación. Lo que sucede es el retorno al mundo habitual, un mundo que el enamorado ya no desea, porque fue dejado de lado y reconstruido con alegría, y ahora retornar significa abandonar aquella sensación tan placentera que encontró su satisfacción en el cumplimiento de un deseo. Un enamoramiento abortado en un mundo que ya no existe, ¿o sí?


miércoles, 21 de julio de 2021

DIEZ LIBROS DE CUENTOS QUE RECOMIENDO

                                                            La dama del perrito y otros cuentos

                                                                             Anton Chejov

Considero imprescindible comenzar esta selección con el Maestro del cuento corto. Sus temas realistas y en apariencia irrelevantes marcaron los cimientos del cuento en la actualidad. Para mí lo más destacado está en la profundidad psicológica de sus personajes. Las emociones que logra trasmitir a través de las acciones en las que se ven envueltos nos dejan ver dramas con los cuáles resulta muy fácil identificarse.


                                                             Bola de sebo y otros cuentos

                                                                    Guy de Maupassant

Autor francés de varios libros de cuentos y novelas. Bola de sebo apareció editada en 1880 en una revista junto con relatos de otros autores destacados, y luego, ha sido reeditada en conjunto con algunos de sus más destacados cuentos. Maupassant se caracteriza por la crudeza, el sarcasmo que parece contradecir en ocasiones su pesimismo. Este cuento plantea un dilema moral en medio de la guerra franco prusiana que revela la hipocresía de la sociedad burguesa que divide a las persona en buenas y malas.


                                                          El fantasma de Carteville y otros cuentos

                                                                            Oscar Wilde

Es cierto que Wilde fue más conocido como dramaturgo, pero sus cuentos y la única novela que escribió: "El retrato de Dorian Gray", resultan conmovedores para cualquier lector. Wilde era capaz de contarnos el hecho más dramático con una dosis de ironía que en la mayoría de ocasiones, el lector no sabe qué actitud adoptar ante los personajes. Los amas y los odias al mismo tiempo. Un fantasma que no asusta, un amor rechazado, un egoísmo abusivo o un altruismo en todo el sentido de la palabra, son algunos de los temas que encontraran en la obra de este maravilloso autor irlandés.

                                                        

                                                                Eterno reposo y otras narraciones

                                                                            Vasili Grossman

Es un autor nacido en la ex Unión Soviética que fue relegado por su origen judío y el totalitarismo soviético que no quería ver reveladas diversas situaciones narradas en sus textos. En ellos, se puede ver la sensibilidad y a la vez, el horror de la guerra. De modo particular, me fascina el cuento titulado "Tiergarten" ambientado en el zoológico de Berlín durante los bombardeos rusos en la Segunda Guerra Mundial, cuya emotividad lo convierte en una verdadera joya. 


                                                                    Pájaros a punto de volar

                                                                        Patricia Highsmith

Si bien esta autora norteamericana, es más conocida por sus novelas de suspenso, creadora del famoso personaje de Mr. Ripley, me encantan estos cuentos escritos con anterioridad a 1950. No son historias de crímenes, sino que son relatos psicológicos muy potentes. No añado más porque en una publicación anterior del blog, realicé un comentario del libro.


                                                                            Historias de amor

                                                                             Rubem Fonseca

Fonseca fue autor brasileño que descubrí de modo tardío, gracias a mi amigo Bruno. En este libro ustedes encontraran cuentos de "amor", así entre comillas porque el autor, no nos habla del amor tradicional, es más, en ocasiones parece un tema accesorio aunque en realidad sea el hilo conductor de la trama. Lo único en común entre estos cuentos es el extremo, lo inesperado tanto de la historia cómo del final.


                                                                    Todos los fuegos el fuego

                                                                            Julio Cortazar

Es muy difícil elegir un libro de este autor argentino sin arrepentirse por haber dejado de lado otro título muy importante. "Todos los fuegos el fuego", fue publicado en 1966 e incluye cuentos como Autopista del sur que lo leí por primera vez en una antología de autores latinoamericanos. Era muy joven y quizá, ello influye en el cariño que le tengo al texto. Cuando adquirí el libro dónde aparece publicado este cuento encontré maravillas como: "El otro cielo" o "La señorita Cora", que se podrá argumentar que no es lo mejor que ha escrito Cortazar. Libros como "Bestiario" o "Final del juego", pueden considerarse más completos, pero prefiero recomendarles este título porque me parece más accesible para aquellos lectores que deseen conocer el mundo lleno de trampas por dónde nos suele conducir Cortazar en sus cuentos. La sorpresa siempre será un ingrediente indispensable en su literatura.

                                                                


                                                                               Cuentos

                                                                        Carson McCullers

Esta autora nacida en Georgia, Estados Unidos, es una de mis preferidas. Sus cuentos aparecieron en diversas revistas y solo un grupo de seis relatos fueron reunidos en la década de los 50, luego de la publicación de su novela "La balada del café triste". En sus cuentos McCullers consigue algo que es muy difícil de lograr para cualquier autor, y me refiero a cambiar nuestro estado de ánimo. A través de la soledad, el amor y el fracaso, emociones y situaciones por las cuáles transitan sus personajes nos vemos envueltos en la profundidad del alma humana, y el lirismo de su prosa contribuye a lo extraordinario de su obra.

                                                     


                                                                               Catedral

                                                                        Raymond Carver

El amo del Minimalismo es sin duda Carver. Bajo la influencia de Chejov, este autor norteamericano construye historias dónde el desamor, la pérdida, el alcoholismo desempeñan un papel vital en las vida de unos personajes sombríos destinados al fracaso.

                                                    


                                                                             Yo, robot
                                                                          Isacc Asimov

Quienes vieron la película, tienen un reto con este libro. Lo único que respeta el guion son las tres leyes de la robótica. Con respecto a lo demás, toda la historia es distinta, comenzando por el hecho de que no se trata de una novela sino de un libro con nueve cuentos. Para mí, Asimov es el Padre de la ciencia ficción, la riqueza imaginativa de sus textos dónde es capaz de cuestionar la finalidad de la ciencia y su relación con el ser humano, es lo más destacable.

martes, 1 de junio de 2021

LA DISTANCIA ENTRE DOS PERSONAS

 

Uno de los desengaños amorosos que más preocupan a las personas es la infidelidad. A pesar de su relevancia, no es posible afirmar que la infidelidad, es lo peor que puede ocurrirle a una pareja. Para algunas personas dejar la ilusión del “yo te creía perfecto”, propia del enamoramiento y recibir atisbos de realidad, es suficiente para provocar estragos tanto en su persona como en la relación. Así, una vez instaurada la herida narcisista, la tendencia a culpar al otro adquiere una significancia extrema dentro del vínculo que termina por deteriorase.

Si bien, la conformación del “nosotros”, es generalmente rápida, su disolución es penosa y lenta, y es, en este camino tanático, donde las diversas formas del conflicto establecido alcanzan su expresión. Una de ellas, es la infidelidad. Solo una de ellas. En la pareja, también pueden surgir otro tipo de expresiones como los celos, el maltrato, la incompatibilidad, el aburrimiento, igual de nocivos, aunque con diferente significado y quedar instauradas como parte del vínculo.

Y todo tiene su inicio en un único suceso: la elección.

En “Al otro lado del mundo”, guión adaptado de la novela “El velo pintado”, el escritor inglés Somerset Maughan, se muestra una historia de amor ambientada en los años veinte, donde la protagonista Kitty, una joven de clase alta, decide casarse con la intención de huir de su casa, con Walter, un médico bacteriólogo a quien no ama. Una vez establecidos en Shangai, Kitty se enamora de otro hombre con quien inicia relaciones clandestinas y el drama estalla, cuando Walter descubre la infidelidad. En venganza, Walter acepta un trabajo en un remoto pueblo de China azotado por una mortífera epidemia de cólera. Kitty se ve obligada a acompañarlo y es en ese viaje, al otro lado del mundo, donde ambos encontraran sentido a sus vidas, al ser testigos del dolor y la miseria, vivirán reencuentros y nuevas pérdidas, para terminar descubriendo que la fidelidad no está en el otro, sino en uno mismo.


La fidelidad se entiende como exclusividad, es una especie de monoteísmo. Tener una sola pareja, implica tener un solo dios, al menos durante el enamoramiento. Según Varela (2004), la fidelidad es una cualidad de las relaciones humanas que se basa en la lealtad, la honestidad, la veracidad y la actitud de desinterés. En opinión de Alberoni (1996), la fidelidad implica siempre una dedicación de energías, un obsequio de sí mismo a favor del amado. Entonces, ¿Cuándo aparece la infidelidad? Varela (2004), nos ofrece algunas respuestas:

  • Cuando ha surgido un nuevo amor.

  • La pareja es infiel.

  • El modo de amar es contrapuesto al de la pareja.

  • El ambiente conyugal es insoportable.

  • Existen problemas sexuales.

  • Existe un alto nivel de estrés.

  • Es notable el descuido físico o higiénico de la pareja.

Es claro que podemos añadir otras razones, además falta resolver el tema del amor, porque la infidelidad ha sido ligada la mayoría de las veces al contacto sexual, lo cual no resuelve todas las interrogantes al respecto. Veamos otra situación, una persona que ama a otra distinta de su pareja, pero que no tiene ningún contacto con ella ¿es infiel? Amor y sexo no siempre van de la mano y se convierte en una interrogante por dilucidar.


jueves, 31 de diciembre de 2020

Lorrie Moore y las ranas


        Recién tuve la oportunidad de leer a Lorrie Moore este año. Un año de crisis y pérdidas en algún sentido para todos. En mi caso, una de las formas terapéuticas de afrontar la pandemia fue la lectura, y un grato descubrimiento fue esta autora nacida en Nueva York, que tiene la maravillosa habilidad de combinar el humor dentro de un clima de melancolía. 

        En su novela "¿Quién se hará cargo del hospital de las ranas?", nos relata la vida de Berie, la protagonista a modo de recuerdo de su adolescencia. No solo somos testigos de sus aventuras y descubrimientos del mundo, sino que además, nos entrega un significado de la amistad y una manera original de sobrellevar una relación de pareja fallida. Aunque que existen momentos dónde el argumento parece detenerse y quizá un lector acostumbrado a textos más ágiles pueda sentirse algo estancado. Sin embargo, es un libro con una historia conmovedora, capaz de tocar con la punta de los dedos nuestras emociones y sentimientos. Para mí, esta característica en una novela es suficiente.

lunes, 2 de noviembre de 2020

BELLEZA NEGRA O AZABACHE


 La primera vez que vi “Belleza negra” era un niño e ignoraba que era una novela de la escritora inglesa Anna Sewell. Fue una serie para televisión que llegó a la pantalla con el nombre de “Negro Bonito”, y narraba la historia de un caballo que pasaba por distintas aventuras al tener que ser vendido por su dueño debido a razones económicas.

La historia combinaba el drama, la crueldad y el humor de una manera que conmovedora y no me permitió perder ninguno de sus capítulos, a pesar de lo doloroso que podían resultar algunos de ellos. El suspenso de la desolación se mantiene hasta el final dónde un giro inesperado me devolvió el aliento y el ánimo.

Algunos años después, en 1987 encontré de casualidad una versión animada de 48 minutos que respetaba el título original de la obra: “Belleza negra”, pero como es evidente no podía tratar con profundidad todo lo visto en la serie.

Mucho tiempo después, cuando descubrí que no solo era una película para televisión, decidí leer la novela y comprendí que Sewell tenía un gran afecto por los caballos y pretendió denunciar el maltrato a los animales para buscar un trato justo para ellos. Además, al ser escrito en 1877, pienso que es uno de los primeros casos dónde se humaniza a los animales puesto que la historia es narrada en primera persona.


En la actualidad, “Belleza Negra” o “Azabache” es considerado un clásico de la literatura juvenil y tuvo tanto éxito que existen unas cinco adaptaciones a la pantalla. La última fue en 1994.

Por otro lado, la autora Anna Sewell consiguió ver y disfrutar del éxito de su novela, pero muy poco tiempo, ya que falleció algunos meses después de la publicación. Espero que se animen a buscar este maravilloso libro.

martes, 20 de octubre de 2020

CINCO NOVELAS DE CIENCIA FICCIÓN

     En esta ocasión, les ofrezco una lista  de cinco títulos del género de Ciencia ficción. Como es evidente, muchos autores quedan al margen, pero con la promesa de incluirlos en una siguiente lista. Aquí mis recomendaciones y comentarios.

                                                         FUNDACIÓN - ISAAC ASIMOV

    Considerado el Padre de la Ciencia ficción, Asimov nos obsequia su famosa saga de la Fundación. En un inicio se trató de una trilogía, pero luego, decidió ampliar su saga a ocho novelas. En ellas, nos relata el auge y la caída del Imperio galáctico en Trántor, dónde el protagonista Hari Seldon propone salvar los restos de la civilización a través de un poder conocido como la Fundación. Asimov también es conocido por su libro de cuentos "Yo robot" y múltiples obras con diversas temáticas. Su legado implica todo un universo. Los invito a conocerlo.



                                                    FAHRENHEIT 45 - RAY BRADBURY

    En esta lista, no podía faltar este autor estadounidense más conocido por su libro: "Crónicas marcianas". Sin embargo, preferí elegir esta novela distópica que describe a la civilización occidental como si estuviera esclavizada por los medios,en la cuál, los bomberos cumplen la misión de quemar los libros que el gobierno considera prohibidos.  El autor nos relata los cuestionamientos de Guy, un bombero que no se conforma con su mecánica labor.



                                            SOY LEYENDA - RICHARD MATHESON

    Esta novela es un clásico en su género. Es un texto sobre la soledad y el aislamiento, dónde el protagonista Robert reflexiona sobre el bien y el mal en un  mundo sangriento azotado por una enfermedad que ha transformado a la raza humana, dónde surge un dilema final, muy distinto al mostrado en el filme del mismo nombre.



                                           PARQUE JURÁSICO - MICHAEL CRICHTON

    Quizá es uno de los autores que más ha visto su obra en las pantallas de cine. Una de la primeras fue "La amenaza de Andrómeda" en 1971. En "Parque jurásico", los dinosaurios vuelven a conquistar la tierra por culpa de unos inescrupulosos que buscan comercializar con la ingeniería genética. El proyecto se escapa de control y ya se imaginan lo que sucede.



                                    LA LEGIÓN DEL ESPACIO - JACK WILLIAMSON

       Autor poco conocido fuera del género de ciencia ficción, aunque escribió otras obras. Confieso que elegí este título por ser un texto de mi juventud. Se trata de una novela de aventuras espaciales dónde John Star junto con un grupo muy particular debe rescatar a Aladoree, la guardiana del AKKA, un arma muy poderosa y necesaria para proteger a La Tierra de unos invasores alienígenas. Cuando uno lee esta novela, no puede evitar encontrar paralelos con la famosa saga de Star Wars, aunque la novela de Williamson aparece más inocente para los tiempos actuales. Sobre todo recomendaría el texto para los jóvenes que deseen iniciarse en el maravilloso mundo de la lectura.





domingo, 27 de septiembre de 2020

EQUIVOCACIONES DEL DESEO

 

No conozco a ninguna persona que necesite tener una pareja. En cambio, conozco a muchos que desean tener una pareja, lo cual, es muy diferente. Exacto, hay un gran abismo de diferencia entre necesitar y desear. Mientras la necesidad se entiende a través de lo biológico, el deseo se estudia desde lo psicológico. Si no tengo una pareja, a nivel fisiológico no sucede nada conmigo. Es cierto que en algunas personas, esta situación afectará su autoestima o los dejará sumidos en la frustración o en la tristeza, pero todas estos casos se pueden superar con el tiempo, salvo que surja un trastorno de por medio. Además, la psicopatología siempre es una excepción de lo contrario, no se definiría como tal.

 

            Una vez establecido que la elección pareja se gesta a través de aspectos psicológicos, paso a un segundo aspecto: la responsabilidad de dicha elección, es decir, que el individuo debe asumir el compromiso de su deseo, hablo de una especie de sintonía entre lo que uno siente y lo que uno hace, y para llevarlo a cabo, lo acepta o no lo acepta. Cualquier inconsistencia a este nivel, propiciará en el futuro conflictos, sobre todo en las aspiraciones que se vivencian como no cumplidas.


 

            Aquí una de las principales raíces del error en cuestiones de deseo. Escasas personas saben con nitidez qué es lo que desean con respecto a una pareja. Generalmente, se tiene una idea vaga o idealizada. En ambos casos, la mala elección puede llevar a las personas al desastre amoroso. Un ejemplo de ello, son las relaciones peligrosas. En el primer caso, porque se elige sin darse cuenta del significado del otro, y en el segundo caso, porque se antepone la fantasía a la realidad.

 

            Así que debemos recordar, las personas no necesitamos tener una pareja, deseamos una pareja. No todos, claro. Muchos prefieren estar solos o solas, pero ese es otro tema.


viernes, 21 de agosto de 2020

EL AMOR ES UNA TONTERÍA

 

Aunque no lo crean, hay muchas personas que están convencidas de ello. Si no cómo explicar la cantidad de separaciones al poco tiempo de contraer matrimonio. Las personas piensan que tener familia es un juego, que los inconvenientes que ocasiona la convivencia se resolverán solo porque se aman. Lo peor sucede cuando los conflictos estallan porque muchas veces, involucran de modo indirecto a los hijos, y es que la gente piensa que el amor es una tontería.

Veamos un ejemplo: “Me caso con alguien solo porque tiene un rostro bello, y luego, en el matrimonio descubro que somos incompatibles o somos muy distintos, tenemos gustos diferentes y no  nos toleramos, entonces ¿qué hago? Me divorcio. ¿Y si hay hijos? Mala suerte. Quedan como un barco a la deriva y un trauma por superar. Mi inmadurez me llevó a casarme y ahora, a divorciarme, y de paso perjudico a niños inocentes”.

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Como pueden ver, es un ejemplo de la vida cotidiana. Repito, un gran número de personas sigue pensando que el amor es una tontería, cuando en realidad es algo muy serio. Hace unos años, cuando lo comprendí, escribí varios cuentos dónde el tema central es la pareja. Se trata de mi libro “Te queda un poco de café”. Sentir amor es una muestra de madurez, y una persona madura tiene menos posibilidades de elegir mal a una pareja y por consiguiente, la probabilidad de separarse será más lejana. Aquí un dato: solo puedo amar, si primero me amo a mí mismo. Solo puedo compartir amor, si tengo amor. Recuerde: El amor no es una tontería.


domingo, 31 de mayo de 2020

LA AVIACIÓN DE JF



JF es fanático del filme Cars. Ha visto la película unas 800 veces, y en mi caso unas 600, porque no le gusta ver la televisión solo. En realidad no le gusta hacer nada solo. Así que en cada oportunidad en la cual coge sus autos y pide su video, mi esposa o yo, o ambos teníamos que sentarnos con él y volver a ver el filme. Recuerdo que llegó un momento, donde alcancé a memorizar cada escena. Incluso llegué a ser capaz de recitar los diálogos de los personajes a la perfección y a descubrir los momentos predilectos de mi hijo: los choques de autos, sobre todo cuando salían volando unos encima de otros. Mi hijo no solo estaba aprendiendo sino además, jugaba con los ojos.

¿Cuándo comenzó este cambio en JF? Cuando logró ponerse de pie y dio sus primeros pasos. La capacidad de caminar le brinda a todo niño una nueva visión espacial del mundo, su campo de acción se amplia de modo notable. Antes estaba limitado a la zona donde lo colocábamos, y en cambio, ahora podía dirigirse hacia donde quisiera. A nosotros, nos emocionó verlo caminar, pero a la vez, la angustia nos invadió hasta niveles siderales, porque su deseo de explorar lo llevó por cada rincón de la casa, sin medir el peligro, y cada vez que encontraba algo que lo satisfacía lo convertía en un juego. El juego, la actividad más significativa para todo niño.


Y para jugar, una parte importante son los juguetes. La otra más importante, por supuesto, son los padres con quienes jugar. Lo entendía a la perfección, pero quería que JF tuviera juguetes y poder divertirnos juntos, hasta que un día escuché una entrevista al premio nobel José Saramago, a quién admiro como persona y escritor, decir que los niños en la actualidad casi no tienen la posibilidad de crear porque los padres actuales llenan las habitaciones de los niños de juguetes. En la actualidad, un niño ni siquiera tiene la posibilidad de disfrutar de un juguete, y elegir uno como su preferido, porque de inmediato ya le compraron otro. Y tiene razón, en mi infancia recuerdo haber tenido mi caballito favorito, mi tigre, mi auto amarillo. En cambio, ahora veo a mi hijo pasar de un juguete a otro sin mayor significancia. De inmediato, detuve la mano y reduje la compra de juguetes y recordé cómo se divertía al principio con un perrito con ruedas que para variar decía: “guau”, que le obsequiaron mis padres cuando cumplió su primer año. Lo llevaba por toda la casa. Los juguetes con ruedas y de bloques son los mejores para comenzar.

Una tarde regresó a la casa con un avión de peluche. “Se lo ganó en una fiesta”, dijo mi esposa. Era uno de los protagonistas de una película de Disney. Entonces tuve una recaída. Olvidé las sabias palabras de Saramago y poco a poco compré todos los peluches. Ahora, JF tiene su aviación completa o quizá deba decir: yo tengo mi aviación completa. Solo sé que corremos y reímos haciendo carreras de aviones y luego, otra vez, coge sus autos y pide su video de Cars. Todavía ignoro el resultado de estas acciones, aunque en estos casos, siempre resulta útil recordar que el punto medio aristotélico es imprescindible.

jueves, 23 de abril de 2020

CÓMO LLEGAR A SER UN TERMINATOR

             Cuento publicado en mi libro: "Otro más que muerde el polvo" por Intermezzotropical.


Papá parecía no querer a mamá. Jamás la vi darle un beso, ni siquiera una palmada en el hombro. Aunque en realidad, papá parecía no querer a nadie de nuestra familia, porque a sus hermanos y sobrinos, los adoraba. Papá conducía un Toyota verde del 96, hacía taxi y era capaz de llevarlos hasta el fin del mundo si se lo pedían. En cambio, a nosotros no nos llevaba ni a la esquina. Ni siquiera se movió cuando mi hermano Ismael se murió. Apenas tenía cuatro años y era fanático de Cars. Había visto la película unas ochenta veces. Para mí que no la entendía del todo, pero igual se mataba de risa con los choques. Eran sus escenas preferidas. Miraba fascinado cuando los autos volaban unos sobre otros y terminaban despatarrados sobre la pista de carreras. Mamá y yo lo veíamos contento y nos reíamos con él. A veces llegaba mi padre y arruinaba todo. “De nuevo, con esa cojudez”. Ismael lo ignoraba, o quizá no sabía el significado de la palabra cojudez porque seguía concentrado en la pantalla. Mamá caminaba hacia la cocina y yo miraba a papá con ira.

Sucedió muy rápido. El tiempo a veces es ingrato y solo avanza. No existen las pausas. Un día Ismael jugaba con sus bloques de colores en la sala, y al otro, ya no estaba. Claro, nadie podía adivinar que sus simples estornudos terminarían en una pulmonía. Estaba resfriado y en un descuido se comió un helado. El mío. Cuando lo descubrí, sonreía con su boca manchada de crema por su travesura. En la noche, volaba en fiebre. Mi madre salió corriendo a emergencia con mi hermano en brazos. Mi padre ni se movió, siguió echado en la cama durmiendo. ¿Y el auto? En el garaje. Mamá no sabía conducir, sino lo habría hecho. El viejo no quiso enseñarle. Cuando le pregunté a papá por qué no los llevaba, me miró con cara de pocos amigos y ordenó que me callara. Jamás imaginé que no volvería a ver a mi hermano. Creo que mi padre tampoco, porque a los diez minutos, lo escuché hablar por teléfono. Susurraba. Luego, se cambió el pijama, salió oliendo a perfume del baño y se largó. Creo que la mujer se llamaba Nilda. La odiaba con todas mis fuerzas, pero detestaba más a mi padre. Ismael murió esa misma noche, aunque yo recién me enteré a la mañana siguiente cuando mamá regresó a casa. Tenía una cara zombie, seguro por la mala noche.

Era un día luminoso. Luz solar sin bochorno. Algo raro en la capital. Encontré a mi madre sentada con las piernas juntas en una silla de la cocina, parecía tener mil años. Sorprendida, triste, pareció titubear, luego preguntó por papá. “No está”, le dije. “Creo que salió a trabajar”. Ella me miró, sus ojos hablaron, sabía que mentía. Papá apenas trabajaba. Todos los días, salía temprano con el pretexto del taxi, porque en realidad era una excusa. Mamá aguantaba y yo no sabía qué carajo hacer. Quizá ella tampoco, y por eso, todo seguía igual. Papá se largaba a tomar desayuno con la tal Nilda, y después se dedicaba a perder el tiempo conversando con sus amigos que llevaban encargos en el mercado de flores. Si por el camino, le salía algún pasajero, cumplía con el servicio y listo. Era todo su trabajo. Así nos metía el dedo a todos. Ya conocía su discurso de cada noche cuando dejaba unos cuantos billetes sobre la mesa. “Con esta crisis, ya casi nadie toma taxi”. Después, colocaba su cd de Los Panchos y preguntaba si había periódico. Si existe gente conchuda, mi padre debió ser el rey de todos, y mi madre, bien gracias. Como si cayera la lluvia y no se mojara. ¿Cómo fue que se casaron? Siempre fue un misterio para mí.

-¿Y mi hermano?
-Se murió.

¿Qué? No jodas, ma. No se lo dije, claro. Solo lo pensé. Hasta el día de hoy me lo pregunto: ¿cómo pudo ser tan fría con tremenda noticia? Parecía un cubo de hielo. Un robot. Y lo que dijo después, me sorprendió aún más: “Alístate para el colegio”. Entonces comprendí, no quería que la viera llorar. Su rostro colorado, sus puños apretados. Cogí mi mochila y salí rápido. Muy rápido.

 Mi padre dijo que fue su culpa, un descuido de mamá. Al principio, ella no dijo nada, solo lo miraba fijo. Una mirada de polo norte. Ni siquiera ese día los vi apoyarse. Ni un solo abrazo. Solo gritos por toda la casa. ¿Por qué aguantaba tanto, mamá? No lo sabía. Cuando llegaron los abuelos al velorio, la mirada de mamá cambió. Pasó de una mirada de congeladora a una de miedo. Tenía la mirada de Terminator cazando a Sara Connors. Papá ni siquiera se dio cuenta. Mamá, parecía traer algo entre manos.


En unas semanas llegó diciembre. Nada sucedió. Aumentó el calor y estaba aburrido. Todo era más aburrido desde la muerte de Ismael. Un día sentí su ausencia más que nunca, vi su rostro sonriente, algo cabezón y de ojos grandes, y me sentí culpable por todas las veces que lo había mandado de paseo y no había jugado con él. Y por mi helado. Sobre todo por haber dejado mi helado sobre la mesa. Mi madre seguía en un estado de zombie con mirada de Terminator y mi padre no había modificado un ápice su rutina. Nilda por las mañanas, su familia por las tardes y el periódico por las noches. Una noche regresando a la casa lo encontré sentado en la cocina, bebía de una lata de cerveza. Decía que la comida era una porquería. Criticaba a mi madre, a mis abuelos. Criticaba todo. No lo soporté. “Mierda”, grité y fui corriendo hacia él. Mi madre quiso detenerme pero pasé muy rápido. Mi padre no lo esperaba. Atónito, lo vi levantar su lata. Pensé que me la lanzaría por la cabeza y me derribaría de un golpe como otras veces, pero no fue así. Intentaba alejarla mientras caía de la silla. La lata fue rodando debajo de la mesa, la cerveza se esparció por el piso. “Carajo”, dijo, pero no se defendió. Solo intentaba detener los golpes. Quizá en aquel instante recordó a Ismael, su cara redonda, su sonrisa. No sé. Si llegó a sentir algo de pena, tampoco le duró mucho.

Siguió visitando a esa tal Nilda. Al poco tiempo, mi madre sorprendió a todos y sin avisar a nadie, cambió la cerradura de la casa. Cuando mi padre regresó y advirtió que sus llaves no servían para nada, comenzó a gritar y a golpear la puerta. Miré a mamá. Estaba diferente. Ya no tenía cara de zombie, solo la mirada fría de un Terminator. Abrió la ventana y comenzó a lanzar la ropa del viejo a la calle. Decidida, molesta, hastiada, gigante. Era mi madre. “¿Qué te pasa loca?” “Lárgate, mierda, sino te echo agua caliente”. Papá siguió gritando un rato, fue mucho tiempo, una eternidad. Luego, imagino que se marchó, porque ella cerró la ventana, cogió un cuadro donde sonreíamos Ismael y yo juntos y se recostó en el sillón. Fue la única vez que la vi llorar.

 Ahora cuando nos cruzamos por la calle, mi padre me ignora. Yo todavía siento un escalofrío, pero sigo mí camino. “Hasta la vista, baby”. Qué más puedo hacer.

sábado, 28 de marzo de 2020

DILEMA NOCTURNO

(Cuento premiado por la Municipalidad de La Victoria en el 2014 y publicado en el libro: "Hasta siempre,Yoda")


La primera vez que escuché el rumor del Inca asesino, no le presté la más mínima atención. Vi la noticia en uno de esos diarios populares, que uno encuentra colgados en los puestos de periódicos, pero que nunca compra. “La presencia de un asteroide anuncia el fin del mundo”, “Encontraron los clavos de la cruz de Jesús”, “Platillos voladores son vistos al sur de la capital” y tonterías de ese estilo figuraban en sus titulares. Así, que cuando leí en grandes letras rojas: “Inca asesino asola el distrito de La Victoria”, no encontré ninguna razón válida para prestar atención a semejante estupidez.

Trabajaba desde hace ocho años como fotógrafo en La Noticia. Un diario de contenido mediano, lo cual se reflejaba en sus ventas habituales. Sus lectores no figuraban entre los más cultos, pero tampoco pertenecían al grupo de aquellos que solo leen los deportes y las tiras cómicas, o al menos, eso quise creer. Montalván, el director me ofreció un sueldo al destajo. “Si traes buenas fotos, ganas tú y ganamos nosotros, sino te jodes y nosotros buscamos a otro fotógrafo”. Así estaban las cosas. Difíciles. Aquel año, tenía una esposa a quien mantener y debía aguantar, no quedaba otra. Montalván era un hombre extraño. De esos que parecen cuerdos, pero que en realidad no lo son. Le faltaba un tornillo, y uno muy grande.

            -Miren estas fotos –Montalván extendió varias fotografías sobre su escritorio.

            La oficina era pequeña, con una ventana hacia la calle, por la cual, se divisaba el edificio del frente, a un lado un estante para libros lleno de ejemplares pasados de La Noticia y ningún libro, un reloj circular de pared y un cesto de basura lleno de papeles.

-Son espantosas –dijo Ramírez, uno de los redactores.

Carlos, el otro fotógrafo hizo una mueca de asco y retrocedió hacia la puerta. Como ninguno se acercó, las cogí para observarlas de cerca. Ramírez tenía razón, producía un ligero escalofrío mirarlas.

            -Los mataron con un hacha o algo parecido –comenzó a decir Montalván.
-Ya veo –la expresión del director reflejaba con claridad que había intuido algo. Ahora solo faltaba que se acomode los anteojos y lance su versión del caso.
Montalván se acomodó los anteojos, recogió las fotos y dijo:
-¿Han oído algo sobre el Inca asesino?
            -No hablará en serio –dijo Ramírez.
            -¿Por qué no? Vean las fotos.
-Pueden ser trucadas –dije.
            -Las muertes son reales –Montalván volvió de dejar las fotos sobre el escritorio y señaló una por una-. Este era un ambulante, lo decapitaron de un solo tajo y su carrito de emoliente terminó partido en dos.

Las siguientes fotos mostraron a un hombre y a una mujer con cortes a lo largo de todo el cuerpo. Según el director se trataba de un vago y de una puta.

-Y todos fueron encontrados en el mismo lugar.
            -No me diga que en la Plaza Manco Cápac –dije.
            -Exacto y necesitamos una foto.
            Todos nos miramos. Sin duda el director estaba loco.
            -Se imaginan tener una foto de ese Inca o lo que carajo sea. Al periódico le vendría muy bien.

            Y a ti también desgraciado. Sabía que a Montalván poco le importaba la seguridad de sus empleados. Cuando se le metía una idea en la cabeza, nadie era capaz de hacerlo cambiar de opinión. En una ocasión, envió a uno de los fotógrafos a conseguir una toma de un asalto terrorista en el mismo Ayacucho. Días después, recibió la foto de su empleado muerto con la hoz y el martillo pintados en su cuerpo. “Murió como un héroe”, comentó Montalván. En la oficina todos lo miramos con odio, pero ninguno dijo nada.

Carlos rechazó la propuesta y se marchó de inmediato. Ramírez se comprometió a escribir la nota si alguien conseguía una foto. Terminé de observar las fotografías y aunque me pareció escuchar una voz interior que me advertía que no lo hiciera, acepté. Además, qué podía perder. No creía en fantasmas y había perdido todo lo que consideraba importante en mi vida.


El año anterior había sido un año de desgracias. Primero, la muerte de mi padre, el viejo se electrocutó mientras realizaba unas conexiones en casa y luego, mi esposa quien apareció muerta semanas después en las orillas del río Rímac. La policía sospechaba de un asalto con secuestro. Nunca confirmaron nada y no hallaron a los asesinos. Montalván pidió una foto. Me negué y cuando el director amenazó con despedirme, en un arranque de valor lo mandé por un tubo. La reacción del director resultó una total sorpresa. Se quedó mirándome con sus grandes ojos amenazadores, como si pensara qué hago con este insolente. Estaba tenso y me preparé para ser despedido y, a la vez, me dije que no toleraría ningún grito. Entonces el director se levantó y como si leyera mi mente me dijo lo mismo que yo pensaba de él. “Se te ha zafado un tornillo, hombre. Relájate un poco y regresa mañana”.

Al salir de la oficina, fui directo hacia la Plaza Manco Cápac. En la avenida Iquitos el tráfico resultó un caos. Recorrí en veinte minutos lo que en otras circunstancias debía tardar cinco. Mi auto, un Fiat azul del 98 carecía de aire acondicionado y el Sol de verano provocaba un reflejo molesto en el parabrisas. Decidí ignorar un semáforo en rojo y me estacioné a media cuadra de la plaza.

Caminé hasta el monumento y cuando estuve frente a él, me di cuenta que nunca le había prestado atención. “Así, que tú eres el asesino”. Decidí regresar en la noche y esperar. La idea me pareció absurda, pero de momento no se me ocurrió algo mejor.

Las dos primeras semanas, no sucedió nada. Al llegar, estacionaba el Fiat cerca de la Plaza y pasaba la noche en vela aguardando. Arriba del monumento, el Inca no se movió ni un centímetro. Al cabo de unos días, regresé donde Montalván para decirle que la idea era un total disparate. El director luego de lanzar un discurso acerca de la perseverancia, aceptó de mala gana que descansara unos días.

A la noche siguiente, ocurrió otro asesinato.

No lo podía creer. Simplemente no podía. Esta vez, la víctima fue un borracho que amaneció tirado en el pavimento muy cerca del Inca. Sin duda, el asesino estaba divirtiéndose con la policía, no solo había sido capaz de crear el mito del Inca asesino, sino que además se trataba de un maldito sanguinario. Estaba seguro de ello. La fotografía era mi campo y en mi recorrido buscando la toma exacta acorde con la noticia, había sido testigo de muchas cosas, dolorosas y horrendas, trágicas y peligrosas, pero la idea de la existencia de un fantasma no me cabía en la cabeza.

Regresé en mi auto la noche siguiente y la subsiguiente. Continué con la misma rutina durante dos meses hasta el día de mi cumpleaños.  El primero sin Verónica, mi esposa. Ramírez y Carlos me invitaron a beber unas cervezas y acepté. Al despedirse, sugirieron que vaya a dormir. “De ninguna manera”, les dije. Prefería montar la vigilia habitual cerca a la plaza. Necesitaba la foto. Lo sentía en las entrañas. “Aquí está su fantasma”, le gritaría a Montalván. Lo necesitaba. Detuve el auto en la avenida Iquitos y volví a esperar.

Esta vez, no resistí la noche en vela. En algún momento me quedé dormido. Soñé que era cuidador de ovejas en una granja y dentro del mismo sueño, pensé que jamás sería un buen pastor. Había dejado desprotegida a Verónica y la asesinaron. No, no era un buen pastor. Era un excelente cazador. Un cazador de noticias. Entonces me sorprendió el estruendo de un golpe. Al abrir los ojos, vi un cuerpo sobre el parabrisas. Grité. No pude evitarlo. Tenía la cabeza de lado como si el cuello estuviera roto y le faltaba un brazo. Tardé unos instantes en reaccionar. Salí del auto y a pesar del temor y en contra de la voz interior que me avisaba del peligro, sin prever el riesgo corrí hacia la plaza y levanté la mirada hacia el monumento. El Inca Manco Cápac seguía como siempre. De pie con las piernas firmes y abiertas, un brazo levantado apuntando hacia el este y en el otro brazo su cetro. Me sentí estúpido. ¿Qué esperaba ver? ¿El fantasma del Inca corriendo? Miré a todos lados, necesitaba recuperar el aliento y pensar con claridad. El cuerpo era real y debía existir un asesino. Un maldito de carne y hueso y no un fantasma. Por supuesto que sí.

Entonces me di cuenta que había perdido una gran oportunidad. Había dejado escapar al verdadero homicida por correr detrás de un fantasma imaginario. Regresé sobre mis pasos y encontré el Fiat con el parabrisas roto y el cuerpo bañado en sangre. Al acercarme descubrí a un hombre joven. Tenía los ojos abiertos. Todavía alcanzaba a distinguirse el terror en ellos, como si hubiera visto un fantasma. No sé porque vino la imagen de Verónica a mi mente ¿Un fantasma? No, no podía ser. Ella estaba muerta. La encontraron a orillas del rio. Yo la vi. En aquel momento, me pareció ver una sombra enorme cubriendo gran parte de la calle. En mi desesperación no había percibido que era la única persona alrededor de varias cuadras, lo que sin duda resultaba extraño. El gesto en el rostro de aquel hombre indicaba que había lanzado un grito antes de morir. Un grito que ahora se ahogaba en mi garganta al distinguir la sombra adquiriendo forma. Creí ver un cetro gigante y un arma similar a un hacha.

Esta vez, mi voz interior permaneció en silencio. Ansié con todas mis fuerzas que llegara Verónica con su ternura a calmarme o que la visión fuera efecto de la cerveza, pero la sombra estaba cada vez más cerca.

Demasiado cerca.